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lunes, 27 de enero de 2014




POEMA A OJOS CERRADOS *

En busca de razones para vivir
la vida arrancó una margarita de mi costado
convirtiendo las horas en lo que no quise ser.

Alborotó la fina capa de la esencia 
y el agua termino por inundar la laguna de mis ojos. 
Se viro entonces para contemplar la espesura de un bosque
y el mar devolvió a la playa lo que le sobro ayer.

Transmutó entonces en el viento mis dolencias
y convirtió lo insospechado en angustias incoherentes. 
Hasta ayer no supe que decir, 
solo lo necesario para salvarte de mi presencia, 
de aquello inimaginable que pudo ser. 

Me aboqué entonces a la idea inconclusa de un amor fallido.  Devolverle al mundo lo que ayer perdi.
Es por eso que no tengo pena de decir lo siento,
y en mi búsqueda perenne permaneces aún.
Es como canción al viento, una brizna de hierba soltada a barlovento,  
en espera de anclar sobre una insula perdida,
en tus labios eternos musitando amor...

* escrito en forma libre, con los ojos cerrados, dejando que los dedos se deslizaran sin regla alguna por el teclado de la computadora, en espera de que surgieran imágenes mentales y frases ordenadamente incoherentes... un simple experimento...

miércoles, 14 de marzo de 2012



EL COYOTE AZUL

Allá se ve el coyote, recortado tras la bruma,
Azul como la misma luna,
cantándole a los carbunclos
canciones como de cuna.
Se detiene en el silencio y modifica su voz
para parecer más humano
y en la cárcava sombría asemeja un espanto
que con sus garras aprisiona a su presa de inmediato.
Luego llora entre las piedras y el frío le atormenta
ha muerto su pareja a manos del mismo hombre.

La escarcha de su piel cuelga y la soledad no lo deja,
no existe a quien amar.
Se recuesta entre la hierba ya no sabe que soñar.
Sueña con campos de flores donde solían jugar.
Tomar del agua fresca de algún viejo manantial.
Oír los pinos en la noche, el viento a donde va.
Cazar conejos en la pradera, correr por la llanura,
ver el sol ocultarse tras la espuma,
de cualquier ola de la mar.
Quiere morir él también , dejar de ser mortal,
llegar a la misma luna donde ella ya está.
Es el coyote azul como la nostalgia,
Una extraña remembranza de lo que fue y no será.
Un cuento hecho leyenda
Ya no está el coyote.
Ya no está la bruma.
Ya no está la escarcha.
Ya no está la luna.

Todo es un sueño, solo una imagen.
Abro los ojos y ella se va.
Soy yo el mismo coyote azul de mi nostalgia.
Nada de esto existe, ya nada de esto está.


lunes, 27 de febrero de 2012


ESCALONES A NINGÚN LADO

Subo lentamente la escalera y no me conduce a ningún lado. En la oscuridad de mi mente, no logro mirar mis pasos. Choco entre paredes y de repente me doy cuenta que me encuentro de nuevo en el primer piso. Vuelvo a intentar subir, pero esta vez vuela sobre mí un elefante alado, aunque en realidad descubro que es un Pegaso desplegando sus alas hacia la oscuridad de la habitación.

Luego mis ojos descubren que no era otra cosa que una mariposa nocturna atrapada entre los cristales de un frasco de mayonesa.

Al final de aquellas gradas se abre de repente una puerta desde donde la luz se congela en pequeños cubos de hielo de sabores y colores diferentes.

Mis sentidos se despiertan a una nueva dimensión de frutas multicolores, estrellas titilantes y planetas sin su órbita. Todo en un mar de
experiencias alucinógenas.

Continúo en mi intento de subir las gradas y ya soy personaje de videojuego, subiendo y subiendo sin llegar a ningún lado.

Todo da vueltas y me devuelvo al primer piso montado en una serpiente color naranja que confundiéndose con las arañas verdes de las paredes me introduzco al ojo del abismo, para aparecer luego en forma de margarita que la mano triste de un amante arranca sus pétalos, preguntándole a la suerte si aún lo quiere.

Mis pies se convirten en aletas de pez y nado entre los escalones de nuevo, para toparme con que la puerta ya no está y en su lugar la boca de un pez mayor me traga, hasta que soy expulsado por el aspersor de una ballena.

Luego una de las paredes se cuadricula en dos colores y de la lámpara que cuelga del techo crecen zarcillos y ramas de uva que caen al suelo hasta inundar la habitación entera con hojas de parra.

En aquel lapso que nunca identifiqué si fue corto o largo, subí y bajé escalones tantas veces como a mi mente se le ocurría. Lo cierto es que me di cuenta que cuando abrimos los ojos, el mundo deja de reinventarse para dar paso a una realidad más tangible y hasta a veces más aburrida.

ZARZAMORAS EN PRIMER PLANO

Sus ramas llenas de espinas y frutos morados caían en gravedad sobre las aguas de una fuente. cristalina. Algunos gorriones aprovechaban la cercanía de las moras para picotear sus diminutas esferillas brillantes llenas de líquido . A contra sol las púrpuras frutillas contrastaban con el verde claro de sus hojas que con el viento bailaban agradecidas de existir en el reino vegetal. Unas manos tibias acariciaban los frutos desprendiéndolas delicadamente de las blanquecinas ramas, para luego depositarlas en pequeños canastos de mimbre y así evitar que se maltrataran en el intento. En Lontananza la tarde comenzaba a difuminarse entre las serranías azul esmeralda, mientras farallones de caliza alzaban hercúleas sus estructuras entre el límite de la costa y la mar misma. En un segundo y tercer plano, campos cubiertos de trigo amarillaban la vista con sus espigas al viento mientras un faro alternaba el blanco y rojo de su superfice sobre desnudas rocas que luego precipitan su mole hacia las profundidades del océano. Las sombras y luces jugaban con la vista de aquel paisaje que era vida misma, revuelo de gaviotas en el cielo y flores silvestres en todo lugar, olor a naranjo y zarzamora en el aire, a mujeres de campo y niños en juego. Así percibía el espectante el cuadro, que con sus manos mismas quería tocar lo que su embelezada mirada le mostraba.
Todo era vida en aquel hermoso retrato creado por el ingenio de ese pintor de "Zarzamoras en primer plano" y que la pluma torpe de un poeta intentó describir.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Amor cósmico
Cuando mengua la luna su face y su rostro al amor espera,
la noche transparenta entonces un cortinaje de planetas,
que en la pálida desnudez eterna de tu sonrisa ingenua,
me provoca dormnir quisiera en tu superficie serena
y absorver tus galaxias y fundirme en tu estrella.


Locura Planetaria.

Sembré naranjos en la luna y los lunáticos me dijeron: ¡Estás loco!
Me subí a la cumbre más alta de Marte para ver mi hogar desde ahí y un marciano me recomendó tomar agua de los casquetes a ver si con ello me refrescaba la mente. Entonces me puse un anillo de saturno en mi dedo y me quedó tan pequeño que lo cambié por uno de Júpiter. Pero en uno de sus satélites lo jupiternianos me recomendaron engarzarme los cometas que pasaran.
Al fin y al cabo el tiempo me sobra para esperar el próximo en cinco mil años...

viernes, 10 de febrero de 2012


SANGRE FRÍA

Las luces de la aurora despertaron del sueño profundo a Tapiriit, mientras afuera el frío y el viento sacudían las hierbas bajas de la tundra. Sabía que algo estaba pasando. Ya no escuchaba el ulular del búho blanco, los pasos inquietos de la liebre y el mugir del caribú.

A lo lejos en la costa fría, paredes blancas estrepitosamente caían al mar para fundirse por última vez en una sola masa líquida. Aquella mujer de razgados ojos y rosados pómulos se recostó sobre el "permafrost" en su último intento de palpar el frío, aquel que orgullosamente llevaba en su sangre y la había identificado como una inuit, de las pocas que habían sobrevivido al tiempo. En su frente ya se marcaban arrugas, como los surcos que los glaciares dejaban al moverse. Por lo menos si moría pronto, estaría orgullosa de haber dejado herederos en este mundo, aunque este mundo ya era poco habitable, poco apacible y sus hijos estaban viviendo tiempos difíciles.

Más al sur en los "Bosques silenciosos de la Taiga", los abetos relucían verdes al sol, ya nunca más estarían cubiertos de la blanca nieve, y desde el soto, nuevos sonidos de insectos comenzaban a surgir, mientras de las ramas de abetos y alerces extrañas aves del sur trinaban con cantos nunca antes conocidos, con nostálgicas melodías suplicantes al cielo mismo, como pidiendo, les devolvieran su hábitat.

Tapiriit se mantuvo quieta sobre el helado suelo del ártico, sobre ella volaba el halcón peregrino que para esa época del año apenas el frío no le permitía su retorno. Su oído izquierdo, desnudo al viento escuchaba apenas los bloques de hielo que caían poco a poco del glaciar, haciendo maromas en el aire para adentrarse a las profundidades de ese mar cada vez más cálido.

Cerró sus ojos y recordó la aurora, con su cortinaje de luces en las tardes de aquellos inviernos crudos, cuando después de una nevada, las estrellas servían de fondo para ese espectacular fenómeno. Se preguntó si sus hijos, quizás sus nietos dejarían de ver la nieve sobre la tundra, la morsa y al Gran Oso Blanco caminar sobre el hielo, o si más allá de cualquier cambio, la sangre fría de su raza dejaría de existir.

Soñó entonces con los hombres de la aldea, pescando en los hoyos de la nieve, mujeres en fogones cocinando y niños felices corriendo sobre la tundra. Soñó con el frío helando sus huesos, aquel ancestral frío de la tatarabuela, su abuela y su madre. Deseaba heredarlo a sus hijos, compartir ese frío con el hombre que había amado toda su vida.

Como mujer de frío y viento, de nieve y aurora, de pieles y hielo quería ser recordada. Ahora ese elemento le abandonaba y sólo le quedaba soñar. Abrió entonces sus oscuros ojos al dejar de escuchar al glaciar precipitandose al vacío, se incorporó y sobre la húmeda hierba se sentó a observar el amplio mar que se erguía enfrente. Algo faltaba en el paisaje que habitualmente estaba acostumbrada a ver, ya no habían paredes blancas, solo bloques de hielo flotando a la deriva. Una extraña sensación de soledad e incertidumbre se confundía con la quietud del lugar.

martes, 7 de febrero de 2012



LA TROMBA

Le quité la batería al reloj para que dejara de funcionar, quizás así mi tiempo se detendría y no sería necesario más salir a observar el plato de luz pegado a la oquedad de la noche que con sus influjos activa las mareas del amor.
Luego era sólo mi carne y mis huesos andando por las calles, atravezando los caños, dándome cuenta que en la oscuridad, mi vista ya corta buscaba cómo colocar mis pies uno al lado del otro para no resbalar en el empedrado. Así mi caminata nocturna me dirigió hacia el tajamar,donde un individuo disfrazado de hombre se arrecostó en el borde del malecón a respirar el aire marino. Sin enterarse que lo observaba, me di cuenta que su nariz respiraba tan hondo que a grandes sorbos comenzó a tragarse el mar y emborrachado de tanto liquido salino se transformó en una Tromba que arrazó con lo que encontraba a su paso: árboles, edificios e instalaciones humanas. No estaba conciente de que se había convertido en un monstruo peligroso. A lo lejos y con la prisa con que los noticieros quieren aturugarnos sus ideas -que por lo general no son las nuestras- un periodista y camarógrafo de no sé cual cadena televisiva se acercó a la salvaje criatura y tras hacerle un "close-up" el arriesgado casa noticias le preguntó cuál era la razón de su furia, a lo que el fenómeno atmosférico contestó con la siguiente historia: hubo un tiempo en el que él fue un ser humano como cualquier otro, que trabajaba ocho horas diarias para ganarse el sustento, que comía y dormía y hacía sus necesidades biológicas y hasta se daba el lujo de amar, pero al que estaba prohibido lo amaran, pues un tribunal lo consideró una inadaptado social, aquel que sólo se merecía el desprecio y la burla de la sociedad. Lo condenaron de por vida a deambular por las calles y a combidarse de las migajas que caían de las inquisidoras bocas de los transeúntes.
Muchos iguales a él habían realizado huelgas para enfrentar a las autoridades sin éxito. Más bien éstas querían extender la condena incluso a los que tuvieran ideas sobresalientes, o simplemente diferentes a las de los demás.
Por eso es que cuando se senía triste y angustiado, gustaba pasear en las noches y sentarse frente al mar a respirar su aire puro y con ello renovar
energías. Lo que pasó entonces es que esa noche respiró tanto aire salino que se tragó el mar entero y se convirtió en tromba. Al darse cuenta que se había transformado en un ser Todo Poderoso, quizo vengarse de los que le habían hecho daño.
El Periodista rebuscó en el bolsillo un pañuelo para secarse el rostro de las gotas que el remolino arrojaba, sin antes quedar asombrado de la historia en exclusiva qu acaba de escuchar.
No sé si poque comenzaba a sentirse incómodo con la entrevista o por la velocidad que llevaba, que la tromba se desplazó rápidamente del lugar hacia mar adentro donde se perdió de vista. Lo último que se escuchó no fue sino un..."¡No más comentarios!". Y de la misma forma el periodista y su asistente empapados hasta los ruedos se fueron por donde vinieron.
Con ese puñado de impresiones continué mi caminata nocturna y regresé de nuevo a mi casa. Ya en ésta y después de lavarme los dientes antes de dormir, me miré al espejo y reflexioné en voz alta:
¡Mejor sigo respirando el smog de la ciudad, no sea que me pase lo mismo!

Puerto Limón, Costa Rica.

lunes, 6 de febrero de 2012



LA VACA QUE LE CAYÓ UN RAYO

Detrás de la erosionada colina y rematada por un árbol de guanacaste, los relámpagos y truenos se perfilaban en el cortinaje de una tormenta que no terminaba de desarrollarse.
El viento soplaba tan fuerte que en la llanura, los pocos arbustos de acacias, los cedros y madroños se doblaban a barlovento y se volvían a enderezar a sotavento. El ganado buscaba refugio debajo de las copas de los árboles y los arrieros hacían lo posible para mantenerlos en calma. A lo lejos una pobre vaca había quedado detrás del rebaño y en el preciso momento en que se iba a unir a la manada, un rayo fulminante la atravesó y toda la descarga pasó de su grueso lomo, por los pies hasta el mismo suelo. Cayó desvanecida y casi sin vida. Los sabaneros que estaban cerca quedaron encandilados por el fuerte impacto luminoso que cayó del cielo. El rayo hizo que se le desprendiera el cuerno derecho y de repente, quizás por la acción de las fuerzas provenientes del cielo comenzó a salir de él abundantes alimentos, uvas, manzanas, miel, y cantidades inmensas de pan que inundaron el valle. Los ríos se llenaron de un blanco color, pues la pobre vaca desmembrada conforme se ponía temblorosamente de pie iba haciéndose cada vez más grande y brotaba de sus inmensas ubres rica leche caliente, que al derramarse por la sabana se convertían en sabrosas cuajadas y queso maduro. Del cuerno que se había desprendido seguían saliendo alimentos inimaginables: galletas de todos los tipos y formas, rosquillas de maíz, pastas, buñuelos, y sabrosas cajetas.
-"Se lo juro, Doctor, todo eso sucedió cuando viví en el campo, yo mismo comí de las uvas que salían de ese prodigioso cuerno y bebí leche del mismo riachuelo que quedaba por mi casa. ¡Se lo juro doctor!. ¡Se lo juro!...".
El psiquiatra sólo se limitó a mirarle perplejo por encima de sus gruesos anteojos; mientras anotaba garabatos en su libreta, después les dio instrucciones a los enfermeros para que se llevaran al paciente a su pabellón.
Era el último de la tarde. Apagó la luz y cerró la puerta de su consultorio. Se quedó afuera de pie riéndose y cavilando sobre el extraño caso que acababa de atender. De repente un impulso lo hizo abrir de nuevo la puerta del consultorio, prendió la luz y descubrió la fuente de tan increíble historia. En la pared que quedaba a espaldas de su escritorio el calendario presentaba la figura mitológica del "Cuerno de la Abundancia". Él no había reparado en éste, porque apenas en la mañana su secretaria le había dado vuelta a las hojas. Apenas era primero de julio.


LA NEBLINA

Comenzó la neblina a descender por la ladera de las montañas, hasta cubrir el valle. Se estacionó un momento sobre el campanario. La humedad que aportaba contribuía con el herrumbre que durante años iba cada vez más deteriorando el mecanismo del reloj y por consiguiente retrazando los minutos del tiempo. La pareja de lechuzas que en las viejas cerchas del edificio descansaban, nos recordaban con su ulular lo antigua que estaba la estructura de madera del templo. Se acercaban el uno contra el otro para resguardarse del frío que bajaba de las alturas.
La neblina continuó flotando silenciosamente sobre el camino de piedras y se adentró en el jardín de rosas. Como fantasma se coló debajo de las rendijas de la puerta y se introdujo en un largo zaguán que daba a la habitación de una joven mujer pero que ya presentaba signos de cansancio. Sofía yacía sobre su cama con su viejo camisón de algodón, uno de los pocos que le quedaban dada la paupérrima situación de años. Estaba muy deprimida ya que escasas semanas su marido había muerto en un accidente automovilistico, no tenía hijos, la madre naturaleza no la había reconpensado con tal dicha y dedicaba gran parte de su tiempo a cuidar unos niños del orfanato que distaba unos cuantos metros de ahí,.
La neblina subió lentamente la cama, deslizándose sobre el cuerpo de la mujer, empezando por los fríos pies que aunque debajo de las colchas permanecían desnudas, hasta llegar al rostro desgajado de la enferma. Estando dormida aspiró el aire cargado de humedad y de repentre se produjo un espasmo en todo su cuerpo que la encorbó hacia arriba. Comezó a experimentar extrañas convulsiones con movimientos sinuosos de serpiente, las sábanas y almohadas caían al suelo cubriendo las pantuflas grises que el día anterior había colocado ceremoniosamente una a la par de la otra. De su boca comenzó a salir gemidos como de animal. y entre sollozos pronunciaba el nombre de su marido, Marco. Soñaba con él como cuando paseaban por la pradera y el sol daba sobre sus rostros. Nada les parecía más hermoso que estar juntos y compartir horas interminables de pláticas en el que los temas cambiaban de política a cosas superfluas como el color de los geranios. En su sueño Marco se le presentó de frente y le tomó sus manos, la miró a sus ojos y le susurró al oído:
-"Mi amor yo estoy bien, no te preocupes por mí. Deseo que despiertes y sigas viviendo, no te dejes vencer por la tristeza, tienes que dedicarte a lo que siempre has amado, los niños del orfanato. Te prometo que pronto estaremos juntos..."

De repente la neblina se disipó, el frío se alejó de las rendijas de la vieja casa, la pareja de lechuzas del campanario dejaron de ulular y por la silueta de las colinas cercanas empezó a salir unos pequeños rayos de sol. La cortina de nubes bajas que cubría el valle empezó a levantarse y a asomar un pueblo lleno de color, donde la gente despertaba a la vida laboral de siempre. Sofía todavía permanecía yaciente sobre la cama. Sus párpados comenzaron a abrirse, mientras sus pupilas hacían el esfuezo para dilatarse ante la entrada de luz proveniente de los diáfanos ventanales que daban a su habitación.
Aspiró lentamente por su boca y como disparada por una catapulta, se levantó de prisa procedió a bañarse , se cambió de ropa y salió hacia la calle. Todo le parecía nuevo, las hojas de los árboles brillaban por el sol, el aire no estaba contaminado, el azul del cielo le parecía una pizarra donde escribir sus sueños. Estaba viva y deseaba estarlo, pensó en sus amados hijos del orfanato y corrió hacia ellos. Los encontró cantado en círculo, la hermana Clarisa los había cuidado en su ausencia. Al entrar al salón de clases todos la recibieron con un fuerte abrazo y ella se unió a la algarabía de los juego y el canto. Ese día fue para ella un volver a nacer. Se preguntarán: ¿qué es lo que pasó?. Algunos que la oyeron contar sobre el extraño sueño no le creyeron, preferían pensar que la neblina que había bajado el día anterior de las montañas, tenía algo que ver con su vuelta a la vida. Se decía que la nueva fábrica de farmacéuticos que recientemente se había instalado en las afueras del pueblo, expedía gases de una reciente pastilla antidepresiva que habían inventado.

viernes, 3 de febrero de 2012



FLORES DE SANTA LUCIA

Acostumbraba salir en las tardes de invierno a subir la colina que detrás de su casa se alzaba en el momento en que la lluvia se ocultaba en el horizonte y el arco iris salía a engalanar los cielos.

Era entonces cuando la chiquilla con su vestidito de algodón y sus grandes trenzas acariciaba el pasto con sus desnudos pies e iba recogiendo las flores de Santa Lucía que sobre la ladera crecía, colocándolas en una pequeña canastita. El color lila intenso de los copos se desprendía de las plantas y un delicado olor a hierba fresca transmutaba el espacio hasta convertirse en golondrinas en fuga, sentimientos de libertad inmensa que no podía contener más en su pecho.
Era entonces que de su espalda brotaban como oruga en trance, un para de alas de mariposa que al son del viento agitaba y la invitaban a volar.
Volaba entonces sobre verdes montes y surcaba valles coloridos. Tocaba apenas con la punta de su nariz las nacientes de agua y jugaba con los hojas en vuelo del algún robledal.
Se detenía sobre una nube y la agitaba con sus manitas para hacerla llover. Luego regresaba a la colina a seguir recogiendo sus flores, las adoradas flores de Santa Lucía, las que con su perfume alegraban las tardes y en las noches suspendidas en un frasco inundaba la habitación, haciéndola soñar.

"Cuando muera quiero que me entierres con ellas en la colina"

En el lecho la anciana recordaba su imagen reflejada en los charquitos que sobre el húmedo y frío pasto dejaban las huellas del ganado cubiertas la noche anterior por la lluvia. Sobre su mesa de noche un florero con sendos ramilletes de Santa Lucía aguardaba como testigo la partida de la octogenaria. A un costado , una mujer pasada de cincuenta años lloraba desconsolada, orillada a la cama de la anciana.
A las tres y cincuenta de la tarde, su madre murió. De repente el florero sin razón alguna cayó al suelo y las flores comenzaron a revolotear en medio de la habitación. Un viento huracanado inundó la estancia y la anciana que yacía muerta en la cama fue poco a poco cubriéndose con los pétalos diminutos de las moradas flores, hasta llenarle todo su cuerpo de silvestres plantas.
Como capullo fue envuelta cual oruga y levitando sobre su lecho comenzó a agitarse hasta que en una explosión de colores lila y verde musgo se impregnaron las paredes de la habitación con imágenes de manos pequeñas recogiendo flores, cuerpito de niña rodando en el pasto, vuelos sublimes sobre las colinas y tardes de lluvia junto al robledal
Entre el cerrar y abrir de ojos de la mujer que escasos minutos lloraba la muerte de su madre, un silencio se apoderó de repente de la habitación, mientras el delicado perfume que provenía de aquel florero que hacía poco se había quebrado, saturó las fosas nasales de la que no dejaba de asombrarse por la visión vivida.
Optó por ponerse de pie y dirigirse a la ventana. Detrás de ella la tarde caía a prisa en un rojo intenso reflejado en las blancas nubes. Miró al cielo y con raudo vuelo, una hermosa mariposa color lila cruzó su campo visual. Una paz inmensa se apoderó de su corazón, se volvió hacia el lecho donde permanecía su madre con una sonrisa serena sembrada en su rostro, caminó hacia ella y la besó. Sabía que se encontraba ahora en un mejor lugar.

miércoles, 1 de febrero de 2012

MASACRE DE INOCENTES

El viento movió las ramas del árbol mientras los cocuyos cantaban una extraña canción de misterio. El sereno provocaba que su coraza se le ablandara. La gravedad lo hizo descender en caída libre. Al llegar al suelo una sustancia pastosa y verde comenzó a salir de su costado. Rodando comenzó a producir sonidos extraños. Parte de un hueso salía de sus miembros inferiores. De repente el otro ser lo tomó entre sus manos, apretándolo fuerte hasta que de su herida en el costado brotó más del líquido verde y grumoso. El ser luchaba por conocer su estructura, saber si el organismo contaba con los elementos necesarios para desarrollar el proyecto. El tan preciado proyecto...
Lo aprisionó fuertemente contra una mesa y con el impulso animal que lo caracterizaba, literalmente lo fue partiendo en trozos con un cuchillo, despedazando su carne y volviéndolo una masa informe. La escena se llenó de horror, sangre verdusca en todas partes, piel rugosa en el suelo, huesos a flor de piel, en fin el procedimiento se llevó a cabo, había muerto a manos del despiadado ser.

El experimento continuó, el ser en su macabra mente no se satisfacía sólo con asesinar al inocente recién llegado, sino que tomó a otro espécimen que lo mantenía en una cámara de enfriamiento para que sus líquidos vitales mantuvieran sus cualidades físicas adecuadas y el procedimiento fuera un éxito. Esta especie contenía debajo de su piel la sangre roja que el asesino necesitaba para satisfacer sus bajos instintos, así que sin más miramientos tomó el mismo cuchillo con el que asesinó al primero e introduciéndolo en su pecho lo desgarró lentamente. El inocente no tuvo oportunidad siquiera de defenderse, mucho menos de pronunciar palabra alguna, de todas maneras al permanecer a bajas temperaturas el sentido del habla se le había atrofiado. Apenas un gemido final lo separó del hilo entre la vida y la muerte. Sin poder luchar se rindió al último corte del desalmado ser. Como parte del extraño experimento, introdujeron ambos cuerpos desmembrados en una cámara y vertió un líquido ácido que poco a poco les iría disolviendo. Agregó miembros cartilaginosos y blancuzcos de otra de sus víctimas, miembros olorosos a miedo y terror, a pánico hecho lágrimas al momento de su muerte.

El asesino en su depravación probó la sangre mezclada de sus víctimas, absorbiéndola directamente de sus miembros destrozados con la serenidad propia de los psicópatas, que sin inmutarse se excitan con sus crímenes.

Luego todo fue celebración y orgullo. Para festejar su fechoría convidó de las sangre y los cuerpos a otros iguales a él, otros que se deleitaban con el sufrimiento de inocentes incapaces de defenderse.

Yo lo sé porque estuve ahí; fui una de la víctimas en espera a ser sacrificada, pero que tuve la oportunidad de escapar de la masacre hecha ensalada, de mis amigos el aguacate, el tomate y la cebolla...

domingo, 29 de enero de 2012



LA FIESTA CELESTIAL

¡Atrápenlo!, ¡atrápenlo!, se no va...

Un querubín se salió del altar y por toda la iglesia comenzó a revolotear, tirando los jarrones llenos de flores que los feligreses colocaban a la Virgen Patrona del lugar.
Se subió hasta la cúpula del templo a observar "La Creación", hecha pintura de un autor italiano desconocido, exclusivamente contratado para decorar el friso de la Iglesia.
Miró tras los vitrales las angostas callejuelas y casuchas del pueblo y en sus adentros deseaba estar ahí. Pasó entre la muchedumbre que alzaba las manos para ver si el condenado chiquillo con alas se dejaba atrapar. Quedó suspendido tras la estatua de San Judas Tadeo y con picardía de infante, le guiñó un ojo, no después de brindarle una cándida sonrisa.
Tras meterse en el confesionario y sentarse en el sillón del cura, le dieron ganas de orinar y en la fuente bautismal se posó como estatuilla griega a soltar un chorrillo cristalino y luminiscente.
Volando por encima de las cabezas de los feligreses lanzó un polvillo dorado como de estrellas que brilló a la luz de las lámparas que colgaban del mismo techo. Surcando los aires se agarró de una columna y bordeándola con sus manitas se impulsó hasta el gigante crucifijo que sobre el altar se alzaba y con ojillos de lástima besó el ensangrentado rostro de Jesús, no sin antes limpiarle la sangre con sus alitas que quedaron teñidas de un bello color rosado.
De repente una de las estatuas que en penumbra se ubicaba en el ala derecha de la iglesia, muy arrinconada y casi imperceptible comenzó a moverse. Era San Pedro que bostezando de un sueño eterno y profundo se despertó. Haciendo los ademanes típicos de quienes se estiran en la mañana para levantarse, Don San Pedro se tiró del altar que distaba unos cuantos metros del suelo y se acercó al pequeño travieso alado .
-¡Jorge!, - un nombre muy latino como los autores de estas latitudes emplean-. ¡Ven acá inmediatamente!
El querubín que suspendido tras el marco de la puerta de entrada al presbiterio no dejaba de revolotear, se quedó paralizado ante el vozarrón del Señor dueño de las llaves del Reino. Presuroso y con su carita de asustado no supo más que presentarle una amplia sonrisa que iluminó por un instante toda la estancia.
-¿Por qué te saliste del altar?
-Es que...
-¡Nada, regresa de inmediato y quédate quedito!
- Pero es que Señor...
Permaneció esperando otro reproche y entrecerrando sus ojitos creyó sentir el golpe del báculo del Señor Pilar de la Iglesia; sin embargo, sólo observó el rostro enfurecido de Don San Pedro que sólo esperaba en silencio la respuesta del chiquillo.
-Señor, es que ya llevo varios siglos empotrado en ese viejo altar de mármol y los huesos se me estaban entumeciendo, además quería conocer los rincones de este maravilloso templo y por qué no buscar la salida y conocer qué había más allá de los muros.
-Suspirando con más tranquilidad y tomando la situación como una travesura más de todo infante, Don San Pedro sonrió al chiquillo con alas y le dijo.
-Pero hijo tu sabes que no puedes hacer eso, aunque tienes un alma divina, tu cuerpo es de mármol y los hombres fueron los que te hicieron. No puedes ir de ahí para allá haciendo alboroto y asustando a la gente. ¡Vamos! Regresa a tu lugar y te prometo que si te portas bien, en las noches, cuando no haya nadie y el templo esté totalmente cerrado, despertaremos a todos los santos, ángeles y tus compañeritos querubines y haremos una fiesta celestial bien buena. ¿Te parece?
- Muy bien , trato hecho dijo el querubín.
Y como chiquillo recién regañado, Jorgito volando con sus pequeñitas alas regresó al altar, colocándose exactamente donde le correspondía.
La gente que observó el milagro lo atribuyó a su imaginación y al éxtasis que habían vivido tras la hermosa ceremonia en honor a la Virgen Patrona.
Pero la historia no termina ahí, dicen que desde ese momento, alguno que otro feligrés que logra ingresar de noche a la iglesia sin hacer ruido, observa revolotear por todo el templo seres celestiales entre ángeles, arcángeles y querubines, y sentados en las bancas, decenas de santos conversando a lo lindo, mientras Jesús reparte la hostia y el vino entre los comensales. Hasta Dios mismo ven de cuclillas en el altar mayor cantando alguna canción divina, mientras los que revolotean los aires le hacen coro. Todo pareciera un jolgorio.

jueves, 26 de enero de 2012



CORNISAS AL VIENTO

Como si los mismos ojos de Dios miraran sus pies sobre la cornisa, la joven de alas de ángel se precipitó al vacío extendiendo sus brazos al horizonte, como una cruz, que desde abajo simulaba el mismo madero en que el Señor fue clavado.
Por escasos segundos se sumergió en el mar de un aire que alivianó su caída. Su vestido blanco transparentó a contra luz y sus flecos movidos por el viento provocaron tirabuzones al aire que desde el suelo el niño escuchó como canción. Extendió sus brazos y en su palma cupo todo su mundo. Aquella jovencita de alas de ángel cayó serena. Ya no era niña, sino pluma al viento.
El pequeño abrió sus ojos y miró la cornisa vacía. La joven no estaba, la tenía ahora en su mano...




CHARQUITOS DE LUNA EN LA ALAMEDA

El agua llovida comenzaba a empozarse en cada charco de la alameda. A los pasos de aquel hombre, la luna le seguía reflejada en aquellos espejos líquidos, creando un efecto hipnotizador que lo hizo detenerse a contemplar la hermosa luna llena, que inundaba la bóveda púrpura de esa noche que cada vez más alargaba sus horas. El insomnio era la dosis de fantasía que necesitaba aquel ser noctámbulo para soñar que su realidad era un mundo alterno del que no quería escapar. Solía caminar por aquella fila de álamos en las noches calurosas cuando el búho inquieto que solía posarse en su ventana lo despertaba con su nostálgico canto, invitándolo a pasear por aquellos parajes en busca de que las estrellas platearan sus cabellos con la luminiscencia ancestral de las nebulosas.
Sus pasos lo llevaron hacia el "Árbol de la Osa Mayor", llamado así porque de su follaje, una de las ramas apuntaba hacia esa constelación, ahí se detuvo a comer de sus frutos que parpadeaban en la oscuridad, produciendo destellos que le enceguecían pero que no le mermaban el deseo de probarlos. Tomó una entre sus manos y al morderla un dulce sabor a polvo cósmico le provocó una euforia que le hizo correr hacia la cuesta, emprendiendo una carrera hacia la cúspide de la colina donde se detuvo a mirar las luces de la ciudad que contrastaban con las siluetas del bosquecillo de pinos que cercano se proyectaba contra el plato blanco de la luna. Decidió entonces danzar con la "vaquita saltarina", aquella que en las noches de delirio suele brincar los cráteres de nuestro satélite natural, para luego flotar en la aurora boreal de Marte y descansar en Fobos. Bajó luego presuroso la colina hasta encontrarse con que el cometa Haley se le había atravesado en el sendero, por lo que aprovechó para colgarse de su cola y remontar vuelo hacia la Cruz del sur, bordeando los anillos de Saturno y girar trecientos sesenta grados de nuevo a la faja de asteroides, la zona tenebrosa del Sistema . Ahí se detuvo en uno de los meteoros más grandes, donde aprovechó su fuerza de gravedad para colocar su tienda de campaña y tirarse sobre el áspero suelo a mirar las estrellas. Navegó toda la noche montado en aquella gigante roca que en orbita elíptica circundaba el Astro Mayor. Decidió entonces que era hora de regresar a la Tierra y de nuevo colgado de la cola del cometa que había dejado atrás, fue a parar al mismo sitio donde inició su caminata nocturna. Quedose entonces observando taciturno cómo las primeras luces del Alba, terminaban con esa visión nocturna. Se recostó entonces en la cama a recordar el reciente viaje hecho al reino mágico de los sueños, a esperar despierto que el mundo de la realidad se le presentara ante sus ojos, aunque esta vez no fuera sobre los charquitos de luna llena proyectados en el sendero de la alameda.