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lunes, 27 de enero de 2014





LA CRUZ DEL CAMINO

En la entrada de aquel pueblo aquella cruz de hierro se erguía sobre un pilar de mármol rematado con un capitel de ornamento típico de volutas, propio del estilo jónico.  Cuando la vi recordé las cruces que desde mis mosos años acostumbraba elaborar con hojas de palma, cada domingo de ramos al inicio de la semana santa para adornar la puerta de entrada de mi casa.

Al descender la colina la pude divisar con más detenimiento y  note que alrededor de su base de granito la estructura era rodeada por una cerca de hierro forjado en forma de puntas de lanza, que no eran otras cosas que hileras de flores de lis. Dentro del jardincillo  que se formaba entre ella y aquel enrejado, crecían zarzamoras que suponía en marzo daban frutos.

Recuerdo detenerme a mirar como el viento movía aquellos arbustos espinosos y  trocar el color verde del frente de sus hojas al blanco nieve de su revés.  Decían que aquella cruz fue levantada para bendecir a todo aquel visitante que entrara a la aldea. 

Supe en este sueño que apenas se perfila como tal en mi mente y que ahora escribo como si se tratara de un vívido viaje,  que muchos peregrinos se detenían a observar aquel monumento no sin antes persignarse e incluso arrodillarse ante aquel símbolo de la cristiandad.  

Toco mi pecho y reconozco un frío crucifijo, la luz de la mañana cual daga asesina hiere mis pupilas hasta hacerme despertar; es hora de levantarme.   Durante todo el día aquella imagen de la cruz de los caminos me acompaña, me siento inspirado a escribir una oración... una que pudo haber sido escrita por cualquier peregrino siglos atrás. Una que por dehesas inhóspitas, antiguas cañadas y florecientes bosquecillos,  quizás hizo eco en los oídos de aquellos que siguieron el camino de la cruz,en su recorrido por polvorientos caminos.  

"Señor intensifica mi oración para hacer frente a todo aquello que me aleje de tus intenciones de salvación, del camino  correcto.  Para alejarme del moscardón de la muerte, del ladrón de la noche que quiere robar la paz de mi hogar. Posa tus ángeles sobre nuestras cabezas, atraviesa con tu espada de fuego la desgarrada tela de nuestros corazones, purifica con el agua santa de tu costado las impías mentes de los que te recuerdan. Desanda nuestros caminos y hiéreme con tu mirada.  Hazme llegar hasta Tí y besar la cruz de los caminos...  Reconóceme como el eterno peregrino que no ha terminado de encontrarte..."

martes, 7 de enero de 2014



El DON

Yo sé que tengo el don... aquel que me fue dado desde mis primeros años de vida pero que con el tiempo se fue diluyendo entre las necedades de la adultez. Estoy seguro además, que no soy el único en poseerlo.  Años atrás lo supe  mientras en el camino contemplaba absorto al halcón de alas amarillas que proyectado contra las nubes grises me recordaba lo cerca que estaba  de llegar a la barriada.
El peregrino que se había cruzado conmigo esa fría mañana de noviembre  me lo había susurrado al oído, mientras me miraba fijamente a los ojos.

Con su voz que aún no identifico si se trataba de alguien joven o avanzado en años me había insinuado que a él le habían dado también ese mismo don:
"...si no me crees, escucha el canto en las cornisas..."

Recuerdo haber caminado aquel día con él sin pronunciar palabra alguna por un corto tiempo antes de entrar al caserío, donde su silueta se perdió entre las callejuelas repletas de cotidianas labores humanas.
Antes de despedirse, se dirigió de nuevo a mí  con apenas una imperceptible frase que difícilmente logré reconocer:
"...Mira con detenimiento la tarde detrás de las perlas colgantes..."

En otra ocasión que no preciso si fue ayer, el año pasado o hace muchos años atrás,  rebuscando entre los papeles de un cajón, me encontré con una viejas cartas de antiguas amistades, aquellas que ya ni lo son, porque los años se encargaron de alejarnos, o porque simplemente había decidido olvidarme de ellas.
Al leerlas bajo la tenue luz de una vela, porque en aquella extraña tarde, el fluido eléctrico se había ido, encontré frases que al unirlas  con detenimiento formaron ideas que solo años después adquirirían sentido:
"...el azul se te pegará a tus ojos... aunque las arenas no estén debajo de tus pies..."

También en las mismas páginas del nuevo testamento que no tan a menudo leo, pero que reconforta mi alma cada vez que lo hago, confirma mis sospechas de que poseo el don... el que al menos una vez al día se me manifiesta. Como el pasaje de los pajarillos del campo que según el texto, Dios les proporciona el alimento diario, o la parábola de la semilla de mostaza que me recuerda el significado verdadero del Reino de los Cielos.


En otras ocasiones algunos extraños que de vez en cuando coincidieron conmigo a lo largo de mi vida se acercaron a mí para recordarme  que yo poseía ese don.  Como el mendigo que una vez me señaló la mota de diente de león que relucía tímida entre el concreto de la ciudad o el discapacitado que ayer me suplicó,  me detuviera para colocarle su reloj de pulsera que se le había desprendido y que con solo una sonrisa, recuerdo me saludó agradecido por la ayuda otorgada...

Y es que al analizarlo detenidamente, llego a la conclusión de que no soy diferente a ninguna otra persona, más bien creo, me confundo entre una mayoría que aún no encuentra su lugar en este mundo y se pierde al igual que yo, entre el deber y el hacer, entre el querer y el no poder.  Porque aún tienen miedo de liberar su espíritu y más  bien  se refugian en infinidad de fórmulas y patrones preconcebidos, buscando integrarse a una sociedad cada vez más difícil de comprender.

Mi don lo tienen muchos, y estoy seguro que todos nacemos con él. Algunos lo desarrollan conforme transcurren los años, otros lo pierden en el camino y quizás al final de su existencia lo vuelven a recuperar porque regresan a una vida más contemplativa.   De mi parte, aquel don desde muy pequeño se me había pegado a mi cuerpo y mi alma, como una lapa a la roca. 

Mis maestras de primaria lo habían notado cuando en clase yo no dejaba de admirar la mariposa que revoloteaba en la ventana de mi aula en busca de una salida al jardín y en mi afán de socorrerla me ponía de pie sin el permiso de ellas para encaramarme en una silla y así abrir la ventana a la infortunada criatura.

Mi don es completamente humano, diría primigenio, nacido desde los primeros tiempos de la humanidad. Es humano, porque es  intrínseco al hombre y es divino, porque nos fue dado por el Padre, el  mismo Alfa y Omega, el principio y fin de todo...

Con los años me he dado cuenta que este don no puede dejar de manifestarse en mi y para dicha mía he descubierto que son más quienes lo poseen, que los que no.  Quizás los niños, los poetas, los artistas, las personas libres de pensamiento, los viajeros, los altruistas, los soñadores, los optimistas y por supuesto las personas que van por la vida muy de la mano de su Dios; sin importar  a qué religión pertenecen, son quienes lo poseen.

El don del que hablo es el don de reconocer en cada manifestación de la naturaleza, en cada acción humana la obra del Creador. 

No me ufano en ello, pues como ya dije sé que muchos lo poseen... y quienes no lo han descubierto...las hojas de arce cayendo en otoño, el resplandor del sol en la hierba tras el rocío de la mañana, la cálida mano del amante sobre  otra, la lágrima silenciosa que resbala en la mejilla tan solo por escuchar una antigua melodía o el solo hecho de sentir en la piel el viento de la tarde colándose por las rendijas de la puerta, son algunos de los pretextos para recordarnos que aún poseemos ese don...

Ahora reconozco que el canto en las cornisas era el arruyo de alguna descuidada paloma que escuchaba a menudo en mis días de infancia, aquella que aún resuena en mis oídos.

Ahora sé que mirar con detenimiento la tarde detrás de las perlas colgantes significa contemplar el arcoiris sobre las gotas de lluvia que colgando de alguna tela de araña aún me hace reír, y por último el azul en mis ojos, no precisamente es el ancho mar...sino mis montañas que en lontananza adquieren el color mismo de cielo... De eso se trata mi don, el don del que les hablo...

  



martes, 15 de enero de 2013



SOY JUSTO
(monólogo reiterativo)

Soy Justo, vivo  detrás de la quebrada.
Tengo derecho a vivir, y vivo de mi trabajo.
Trabajo recolectando lo que los demás desechan;
desechos de comida, basura plástica y botellas de vidrio,
vidrio azul, verde y transparente, latas de aluminio y llantas usadas.
Usada las cosas, los hombres las desechan.  Así como un desecho a veces me siento yo. 
Yo deseo que los gobiernos pongan atención a los niños que andan en las calles pidiendo.
Piden limosna y comida para vivir.
Vivir así no es vivir, es solo sobrevivir. 
Recuerdo que sobreviví a dos accidentes automovilísticos, y a una bala perdida que me dio en el estómago, cuando malos vecinos discutían.
Discuten en el parlamento leyes en contra del maltrato animal, pero poco hacen por erradicar el maltrato a los pobres.
Pobre es el que vive en esta situación,  pero más pobre el que tiene y no comparte.
Compartir es quizás la solución a los males de la sociedad. 
La sociedad debiera compartir la riqueza por igual. 
Igualdad es que haya derechos para todos. 
Todos gozarían de derechos si las leyes fueran más justas;
Justo es mi nombre y vivo detrás de la quebrada…

jueves, 31 de mayo de 2012


LLUVIA

El cielo se derritió esta tarde
y colgó en las hojas de higuerilla
unas gotitas como pequeñas perlas
de almibar, y las calles se humedecieron
de un color a vida que me volvió la calma.
Y en los caños brotaron manantiales
de chocolatado líquido, recordando a mi
pequeña urbe lo vieja que está.
Y en las paredes del cuartel los hoyos de
balas antiguas se llenaron de charquitos
de agua, mientras el yigüirro le canta al
Monumento Nacional: ¡Han caído los héroes,
hacen falta muchos más!
Luego el sol aparece sobre la arboleda
de Las Damas y a Juan Vázquez le tocó
de nuevo baño en su pedestal, esperando que
las campanas de La Soledad repiquen. ¡Son las
seis en punto ya!.
Lava la cara a mi San José de antaño
la lluvia que demora en este mes del año
y en mi ventana miro los truenos y rayos
que a barlovento despacio tras la cordillera se ocultan.

miércoles, 30 de mayo de 2012


LAS CUATRO ESTACIONES EN EL TRÓPICO

No tengo la dicha de mirar las hojas cayendo de frío en otoño, las flores renaciendo después de una nevada intensa en un invierno interminable, para dar paso a una primavera llena de colores. O un ardiente verano sin gota de lluvia.
En el trópico las estaciones se suceden en forma muy sutil, casi imperceptible. En estas latitudes llueve en verano y hace calor en invierno. Todo se confunde, orada la tierra las torrenciales aguas y evapora el rocío el sol que por días no aparece, para surgir de nuevo tras la tormenta. La lluvia es el elemento predominante; tanto que la vida surge en todas partes, desde las cercanías de la costa, hasta las cumbres del páramo. Todo es verde en el trópico; pero si los ojos del humano observan con detenimiento, las cuatro estaciones están ahí, sólo falta detenerse y mirar cada cambio, descubrir algo nuevo.

VERANO: Diciembre a Marzo

"En los patios, sobre las cercas,
en los jardines y en mi cabeza,
Buganvillas a contra luz,
flor de verano, de vientos y soles,
color de naranjas, rosado y violeta,
anegando mi vista con tantos colores.
formando paredes, inundándolo todo,
naciendo a la vida,
viviendo de amores".

Con razón en mi país a las buganvillas les llamamos "Veraneras", porque precisamente en ésta época del año renacen estas flores.

PRIMAVERA: Marzo a Abril

"En un marzo que no viene
y un abril que ya se va,
orquídeas, aves del paraíso,
bromelias y lirios,
en poco tiempo
sus pétalos vendrán,
a colorear amores,
a cantar libertad"

En realidad por el régimen de lluvias tan alto, en el trópico, siempre están floreando nuevos retoños a lo largo de todo el año. Se puede decir que es una "eterna primavera", pero los meses donde alcanzan su máxima expresión son en marzo y abril.

INVIERNO: Mayo a Noviembre

"Lluvia sobre el tejado,
Escurriendo por entre los caños,
charquitos en la vereda,
y yo que estoy esperando
a que mi amada llegue
Para tenderle mis brazos"

Lluvia sobre la ciudad, esperanzas renovadas, melancolía tras los cristales, gotas en el tejado. El invierno en el trópico en realidad corresponde a la estación lluviosa; no las blancas navidades propias de las regiones templadas del norte y sur del planeta.

OTOÑO : Noviembre a Diciembre

"Vientos alisios,
vientos del norte,
frío en los huesos,
pronuncia mi nombre,
para que no te olvide,
y no olvides mi nombre".

En este lado del trópico, entre los 8 y 11 grados de latitud norte, el frío se acrecienta al llegar diciembre. Aunque sólo algunos pocos árboles botan sus hojas, en ésta época del ano el otoño no es muy marcado. Lo que sí es evidente es el frío que se cuela en las rendijas de las puertas y se mete cual intruso en los huesos, recordándonos la llegada pronta del natalicio de nuestro Señor Jesucristo.

"Sube la selva las montañas azules,
cubriendo de verde todo a su paso.
Es el trópico síntesis de estaciones.
Nada se acaba, todo es perenne"

viernes, 18 de mayo de 2012


LA MUJER EN EL BROCAL

Desde un balcón, mirando la hiedra invadir el viejo pozo, el anciano juglar buscaba cualquier pretexto para escribir de nuevo. Hacía años que había abandonado su laúd y de los viejos papeles amarillos arrinconados en un estante no brotaban ya nuevos escritos. Se acercaba la hora de abandonarlo todo, recordar que su Señor le había encomendado escribir canciones bonitas, narrar hermosas historias, rescatar con su tinta bellas doncellas.
Sus torpes pupilas captaron entonces en la mampara de la noche la luz de la luna, reflejada en las serenas aguas de aquel pozo. Tomó su vieja pluma de halcón; presuroso desenrolló un pergamino y con mano temblorosa escribió el siguiente poema en prosa:

"Solía permanecer desnuda en el brocal de aquel pozo lavando su larga cabellera con las serenas aguas de la luna que llena se posaba en la bóveda celeste. De cada cabello se desprendían entonces pequeñas chispas de cometa que al caer al suelo pululaban como mariposas nocturnas que en un batir de alas al infinito lanzaban miles de luces como ancestral polvo de estrellas.
Así el amante la veía desde lejos e imaginaba entrelazar su cuerpo también desnudo en ella. Las fuerzas del fuego fundiendo el hielo dieron paso a la incandescencia de gases como en una marea de vida y muerte. A cada instante los dos cuerpos celestes se acercaban más y más hasta que de un beso la gravedad fundió la masa en energía cósmica y una órbita de universos paralelos dejaron de existir. Ahora serían uno sólo. El gozo de la Creación entera transformó ese instante en figuras irreconocibles, aún no acabadas. Del hueco de aquel pozo, la vida misma surgía y cual agujero negro, los astros buscaban su equilibrio penetrando hacia dimensiones aún desconocidas. Luego todo fue luz, recuerdos, silencio, mareas de serenidad y calma.
No había razón para no dejar de mirar esa mujer en el brocal, hermosa, desnuda, silente, etérea, ausente".
El anciano juglar tomó su viejo laúd y de sus cuerdas, aquel escrito lo convirtió en canción...

jueves, 10 de mayo de 2012


EL RETRATO

Entró en la galería, contaminado de smog y los ruidos de la calle. Lo hizo por la simple intención de resguardarse del frío de la tarde y para matar los minutos que le separaban del encuentro con su novia. Ya llevaba diez fragmentos del reloj y ella que no aparecía. Quedaron de verse en la esquina de la vieja Galería de Arte, pero él no pudo contener sus deseos de entrar y observar la última colección de unos de los grabadistas de moda y que presentaba sus más recientes obras. Repasó algunas esculturas de otro autor y sin perder tiempo se dirigió al recinto que contenía las obras del artista. Las luces fluorecentes le herían sus ojos, pero aún así hizo el esfuerzo por admirar los retratos. Se trataba de una colección dedicada a la naturaleza. Bellos bosques, marismas y retratos de azuladas montañas, convertían el ambiente en un verdadero paraíso, poco visto en una ciudad que cada vez se le parecía más fría e inhumana. De repente y en un lugar especial le llamó la atención un pequeño cuadro que el autor le llamó con el título de "Ya no". Se trataba de un hombre reposando debajo de un seco árbol sobre una llanura desértica, denotaba el cansancio de los seres humanos y la lucha por sobrevivir en un mundo que se encuentra entre la vida y la muerte por la debacle ecológica. Debajo del mismo una leyenda que no era otra cosa que un fragmento de un libro hacía referencia al cuadro del grabadista. No conocía al poeta pero le pareció interesante leerlo. Luchando con su corta vista y la luz de los reflectores, sus ojos captaron estas palabras:

"Sacude el viento los zarzales
y sin tregua contra el jilguero
levanta sus plumas y le hace detener
su trino.
Convierte las gargantas de los ríos
en sollozos de espanto que en la soledad
del sotobosque me recuerda una melancólica
melodía. Atrapa los sonidos de minúsculos
animales y contra la cárcava estrella sus
murmullos que se confunden con las voces
de los muertos manantiales. Luego todo es
silencio.
No hay viento.
No hay jilguero.
No hay ríos.
No hay bosque.
Todo es yermo.
Es un desierto.
A lo lejos un hombre grita:
¡Aquí hay agua! y se sienta debajo
del único árbol...

Del libro: "Infinito", Nadeo.

No terminó de leer los créditos del poema, cuando una vocecilla detrás de sus orejas lo abstrajo de su lectura. Era su novia que con un fuerte abrazo lo tomó por la cintura y lo obligó a virarse. Después de un apasionado beso lo dos salieron de la galería. Tenían prisa y debían llegar a tiempo a donde se dirigían. Esa tarde en la mente de aquel joven quedaron haciendo eco, la imagen del hombre debajo del árbol y las palabras del poeta desconocido.

sábado, 5 de mayo de 2012


EL AMANECER DE LOS TIEMPOS

Sobre aquel mar cretácico miles de peces surcaban las aguas, mientras que en la tierra gigantes animales se adueñaban de los bosques . La vida era todo inicio, explotando en cientos de especies, alegría de existir, presencia de lo nuevo. El instinto se señoreaba por los aires, las aguas, la tierra. Aquello era la Creación misma pintada por la paleta divina del Autor. Multicolores formas, olores, sabores y movimientos. Pero faltaba un ser, su sola ausencia se hacía sentir. Quizás sería pequeño, silente y frágil, no de pisadas grandes, sin alas para volar, ni aletas para nadar. No miraría la llanura con un alto cuello o atravesaría los bosques pisando árboles. No sería planta, quizás animal entonces, diferente a todos, mezcla de todo, síntesis de lo creado. Faltaba tiempo para verlo correr, alimentarse, transformar su medio, apropiarse de los elementos , inventar ser alguien, parecerse a Dios, volverse egoísta, hacer la guerra, amar... Quizás faltaba tiempo para ser de todos, el ser más contradictorio y difícil de comprender.
Bastó ver sentado sobre un dolmen a un nuevo ser pensante, para saber que todo cambiaría, ahora existiría, no habría marcha atrás.

domingo, 29 de abril de 2012


AMIGO

Donde todo era frío, aquella visita entivió el momento de partir.
Y transcurrió un minuto y hasta dos sin que estuviéramos solos.
Tres, cuatro hasta cinco absortos en un discurso sin podio.
De ratos de tedio, momentos de ocio.
Todo se volvió color y la esperanza arrinconó en los sillones pedazos de alegría para ofrecerla a manos llenas entre los presentes.
Mi casa se convirtió en templo y aquel invitado en un dios griego.
Todos queríamos oírle, adorarle, creerle, él mostrar su presencia
y poder hablar

viernes, 27 de abril de 2012

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ÁNGEL PARA UN OLVIDO...


Un ángel bajó del cielo y se posó en la cima más alta del mundo. Desde ahí observó los cuatro puntos cardinales y meditó:

¡El hombre en su egoismo olvidó...

saludar!
contemplar!
dar!
recibir!
perdonar!
esperar!.

Una rosa en la mano,
un árbol caído,
un ave extinta,
el petróleo en la playa,
las guerras del mundo,
la capa de ozono.

El pan para el hambriento,
creer en un sueño,
atrapar una estrella,
el color en sudáfrica,
un Dios único en Tierra Santa,
una sola sonrisa.

El transeunte que pasa,
Santa Claus en Navidad,
Qutezalcoatl por llegar,
el borracho de la esquina,
la prostituta del barrio,
el rancho de José.

Los harapos de María,
los pies descalsos de los niños,
los...

Y al llegar a este último pensamiento el ángel se detuvo y
exclamó:

¡Lo que verdaderamente olvidó el hombre fue la palabra amor...!
Y derramando una lágrima en tierra, desplegó sus alas al cielo para no
volver su mirada atrás.


SÚPLICA

Señor, perdóname para
poder perdonar.

Guíame con la luz de tu rostro
y podré caminar.

Limpia toda mi alma de pecados
y podré así trabajar.

Más dame de comer tu cuerpo
que borra todo el mal,
y de beber tu sangre
que nuevas fuerzas da.

Pero tómame de tu mano
y no me dejes escapar
hacia este mundo impío
hacia este mundo falaz.

Y recuerda que soy humano
y muchas veces he de pecar
mas perdona todas mis faltas
y échalas a la mar.

Acuérdate de mi familia,
de mis amigos y demás,
que como yo queremos algún día,
llegar a tu reino morar.

Mas quiero agradecerte
lo que estás haciendo ya
por todo lo que he pedido
por lo que me has dado ya.

Y sé que eres bueno
y este poema leerás
que por medio de los ángeles envío,
a tus pies llegará.


Para un amigo que nunca me fallará...

jueves, 26 de abril de 2012

SALMO 152
Te fallé mi Señor,
no merezco siquiera me mires.
Despedázame, consúmeme en el
fuego de tu ira.
No te apiades de mí.
Entiérrame en lo alto de la
colina, donde los gusanos
consuman mis carnes.
Luego el viento se encargará de
secar mis huesos, como si no
existiera.
Como si no hubiera nacido.
¡No merezco tu piedad!,
tu Misericordia.
Húndeme en las oscuras aguas
de un lago con una piedra de
molino atado al cuello.
Que sea alimento de hienas,
apetito de buitres,
carroña de escarabajos.
Hazme morir para volver a
vivir.
Morir a lo que no quise ser.
Resusítame Señor.
Llévame a tu morada.
Seré tu siervo eternamente.

SALMO 151

No me expongas al silencio de esta bóveda.
Integra mis sentidos al resto de este mundo.
Comúlgame con el resto de la creación y rellena mis
espacios vacíos con lo que te sobre de paz.
No te guardes ni un poco de tu valor.
Regálame lo que no necesitas y apiádate de mis
Iniquidades.
Vuelve a mí tus ojos llenos de luz y no escondas tu
Mirada a este siervo.
Hazme creer aún que el trigo crece a orillas de la estepa fría.
Caliéntame con el sol de tu esperanza.
Hazme diáfano como el vidrio, blanco como el armiño,
valiente como el león, cándido como la paloma, bueno
entre los hombres, hijo de tu descendencia, profeta entre las
naciones, pero humilde en tu rebaño.
Hazme se simplemente un discípulo que pisa tus mismas
huellas y habita la misma casa que tú habitas.

miércoles, 25 de abril de 2012



LA ESTRELLA DE MAR

Miró que al desvanecerse la espuma, aquella estrella de mar había quedado atrapada entre la arena y cientos de piedrecillas blancas
que no eran otra cosa que astillas de coral, redondeadas por el abrasivo vaivén de las olas. La tomó entre sus manos y sintió en sus dedos la vida de ese animal marino, condensado en los miles de filamentos que se movían acompasados al ritmo de las vibraciones del planeta. Después el rojo intenso de la tarde se concentró sobre aquella sinuosa estructura y pensó entonces en la virtud de acercarse a esa primigenia forma. Creyó entonces que el cielo eclosionaba en minúsculos fragmentos y lo que tenía en sus manos no era más que una de sus estrellas, materializada en esa idea. Pensó entonces que él era apenas una minúscula criatura que en el vasto universo poco significaba. Devolvería a las aguas lo que el Cielo le había regalado. ¡Continuó existiendo!.

martes, 24 de abril de 2012


MIGRACIÓN

Sostenido de la cornisa de un acantilado, un albatros amaneció con sus plumas empapadas por la bruma de la noche anterior. Sabía que debía esperar los primeros rayos de sol para que lograra secar su húmedo cuerpo antes de continuar su vuelo hacia el sur.

Ya había andado por misteriosos mares, soportado grandes tempestades y sorteado cientos de peñones que retrazaban su tiempo de vuelo.

Sólo la noche lo detenía apenas para que lograra descansar sus adoloridas alas. Así le quedaban todavía kilómetros que recorrer, pero nada le hacía desertar de su objetivo, siempre avanzar, nunca quedar atrás.

Esperó a que el sol provocara termales que lo elevaran a las alturas del cielo para luego enrumbarse hacia tierras inexploradas.

Tenía su ruta trazada, era sólo continuar. Su entereza y decisión sirvió de ejemplo a miles de otras aves que acompañaron su vuelo. No estaba sólo, su actitud era el norte que otros necesitaban para concluir feliz el trayecto.

Allá va el albatros, con sus plumas al viento, llevando un sueño de mejores tiempos, avanzando las horas, recordándonos que detrás de altos peñones, un ancho horizonte se expande a nuestra vista. Descubrir lo insondable de la vida.

lunes, 23 de abril de 2012


ALAS A MEDIA TARDE, ALAS A MEDIA NOCHE

Alas a media noche
Posado sobre los olivares cercanos aquellos ojos avizores atravesaron el huerto hacia la
roca, en que de la frente del Humillado brotaron gotas de sangre por los pecados del mundo entero; mientras llena, la luna plateaba los contornos de las figuras reconocidas. Miró a través de los muros de piedra las antorchas de los centuriones, a un hombre que besaba la mejillas del sentenciado, confusión, enfrentamientos y un lóbulo cortado. Las alas de media noche sobrevolaron la escena y yo con ella, aunque fuese impregnada en la imagen que sólo mi mente pudo proyectar como testigo de un evento que alguna vez viví...

Alas a media tarde
En sigilo, su mirada se posó sobre aquella tumba cuya entrada apenas era cubierta por una lápida rodante.
Sobrevoló el huerto, entre peñascos y arbustos secos, en aquel paraje que años atrás sirvió de morada durante apenas tres días para dar reposo al cuerpo del Rabí. Después de haber cortado el aire con sus parduscas alas el cascajo del sendero, bajó hasta un minúsculo surco de agua, que cantarina corría entre guijarros y juncos. El sol de la hora nona calentaba más de la cuenta ese día y aquella rapaz no debía estar activa en ese momento. Solía vérsele sobrevolar los campos durante el crepúsculo o a media noche, pero a esa extraña hora no. El peregrino que le miraba desde lejos sabía que aquella ave alguna vez fue testigo del milagro sucedido en esa hermosa mañana de pascua cuando aquella lápida fue removida y ángeles sobre las colinas cercanas le recordaron a un puñado de asustadizas mujeres que no buscaran entre las piedras a un muerto si no la vida misma hecha resurrección. Sabía que quizás los zarzales que cubrían la peña sirvieron de corona para cubrir las sienes de aquel hombre sufriente, que sobre el enlozado del vía crucis sostenía un pesado madero hacia el monte de la calavera y que sobre los caminos de Emaus un caminante mostraría su rostro resplandeciente a aquellos quienes desconocieron su presencia. Sus alas a media tarde sobrevolaron de nuevo aquel sitio como queriendo decir ahí estuve, aunque siguiese siendo un divague de la mente.

sábado, 21 de abril de 2012


MIRADAS DE CRISTAL PARA UNA DESPEDIDA
"La tarde los sorprendió mirándose de frente.
Sus manos temblorosas enlazadas en un no me olvides eterno.
Aliento de ambos cercando un adiós.
Corazones cual hojas de encino
despedazados al viento y una canción girando
en do menor"

Fueron sólo instantes para darse cuenta que lo habían perdido todo; ya era tarde para buscar pretextos; de por sí, eran muchos los que rondaban por la mente de ambos. Dolores, maltratos, ira, impotencia; mezcla de sentimientos encontrados,sin sentido ahora. Lo que los separaba de su presente y futuro eran apenas dos cristalinas miradas a contra viento, lágrimas minúsculas rodando por el suelo y un puñado de palabras sin pronunciar; nudos en la garganta, alientos contenidos, súplicas al mismo Cielo: ¡No lo permitas! y un adios que nunca llegó. Era el silencio lo único que permanecía, lo demás se desvanecía como las luces del ocaso. Poco a poco las manos se sueltan, las miradas se pierden y dos almas se alejan. Ya no son dos.
Flotan entonces en el aire las alas inmesas de un dolor desgarrante...


OJOS TRISTES

Ella se enamoró de sus ojos tristes, de aquella mirada perdida cada vez que él observaba la ventana, ansiando que la luz de la tarde no le abandonara .
Algo en su interior le había movido a fijarse en él, ni siquiera sabía su nombre, hasta que una amistad conocida se lo proporcionó, pero ella prefería llamarlo como "el hombre de los ojos tristes", aquel del que se había prometido a sí misma su vida entregar, aunque fuera en la torpe idea de un encuentro fugaz, uno que según ella no tuviera importancia. Pero esa tarde, al filo del ocaso ese hombre clavó sus tristes ojos en ella, le pidió un primer beso y ella accedió. Luego todo fue noches de desvelo, llegadas a casa tarde, excusas de tareas de colegio sin hacer. Lo cierto es que aquellos ojos tristes la tenían obsesionada y él la idea sola de volver a enamorarse a los treinta le seducía, sobre todo después de diversos intentos fallidos por encontrar a alguien que llenara sus espectativas. Es por eso que poco a poco el amor los fue envolviendo en un torbellino de besos y ropas en el suelo, caricias violentas y arrugas en las sábanas, aunque ambos nunca olvidarán su primer encuentro, ella con un nerviosismo que se desbordaba por sus poros, transpirando miedos de niña, temores de adolescente y espectativas de mujer, él con la idea fija de convertir esa noche en una inolvidable, en una que con el pasar de los años ambos recordarán como el inicio de todo.
Por eso cuando las luces de la tarde dieron paso a la nocturnidad, el hombre de los ojos tristes vió por primera vez la desnudez de esa mujer que tanto comenzaba a gustarle, pudo tocar su cuerpo y fundirse en un dulce abrazo que nada soltaría. Ella simplemente yaciente en la cama seguiría observando esos ojos que le enternecían y lo amó esa noche y cientos de otras más hasta el cansancio, tanto como para que ambos decidieran unir sus vidas, juntar proyectos y construir ilusiones. Hoy ella ya lo llama por su nombre de pila, pero al observar tras las ventanas, o al caer la tarde, todavía lo recuerda en su lecho como el hombre de los ojos tristes y todavía se pregunta a que se debe esa mirada, él nunca le dijo el porqué.

viernes, 13 de abril de 2012


AL FINAL DEL CAMINO

Yo nací en la Provincia de Guanacaste, Costa Rica, una tierra seca, calcinada por el sol y de bravíos ganaderos. Sin embargo desde pequeño, por azares del destino nos fuimos a vivir a la capital: San José, por lo que soy más citadino que pampero. Las pocas veces que he vuelto a mi Guanacaste querido he quedado impresionado por su belleza, sus extensas llanuras y la hermosura de sus playas. De pequeño, recuerdo un camino de piedras que se extendía detrás de una vieja casa de campo donde nos hospedamos en una de tantas giras que solíamos hacer mis padres y yo. El camino de mi historia atravesaba un potrero o sabana y siempre me pregunté hacia dónde conducía. Me imaginé miles de opciones, pero la que más me gustaba pensar era que no me conducía a ningún lugar específico y que podía reinventarlo las veces que quisiera, toda vez que cerrara mis ojos y lo visualizara, aunque estuviera a kilómetros de distancia; ya en la ciudad recostado en mi almohada u observando la lluvia caer através del cristal de mis ventanas. Quería volver ahí, caminar sus senderos, oler la hierba seca y quemarme con el sol de la tarde. Por eso es que hice este tributo a ese camino, mi camino, aquel que no he terminado de andar...

AL FINAL DEL CAMINO.

Allá va el camino, amarillo de soles y curtido de lluvias.

Sediento de arena y cascajo, es presa del viento, pero nada lo detiene. ¡Siempre adelante!.

Visita los cañales, recorre los zarzales. Continúa en los potreros y descansa en el bosque de cedros.

De vez en cuando se enfrenta con uno u otro riachuelo, pero la mano del hombre lo continúa con un improvisado puente.

Nunca se detiene, su meta es continuar.

A veces atraviesa algún poblado, donde una pandilla de niños juegan a la pelota sobre su silueta; mientras las vendedoras de frutas ofrecen en sus orillas, jugosas naranjas, marañones y sandías.

Luego se levanta majestuoso por la colina vecina, donde la brisa del norte lo refresca para luego descender y continuar por los arrozales hasta el mar.

Pero ahí no se detiene, lo bordea y es bañado por la espuma. Pareciera jugar con él, lo envuelve y desaparece, para luego volver a surgir con cada ola que se borra.

Cruza y se esconde entonces en un pequeño bosquecillo de acacias, para aparecer de nuevo en la playa.

Nada lo detiene, siempre majestuoso e indomable, siempre silencioso e interminable.

¿Cuántos habrán oído de él?
¿Cuántos lo habrán recorrido?
¿Qué habrá al final de él
¿Mas arena y cascajo?. ¿Más zarzales y potreros?

Ahora el camino sube por el acantilado para desaparecer ante la mirada de un hombre que no supo qué habría al final de él...


"No hay mayor tributo a la imaginación, que la labor artística del hombre

domingo, 8 de abril de 2012


HALCÓN PEREGRINO

Miró a lo lejos sobre la llanura inmensa el peregrino al halcón.
Peregrino como él mismo, viajante como él.
Siempre en busca de lugares santos, inmaculados terrenos donde observarlo todo, entregándose al sueño de alargar una milla más su existencia.
Suspendido en el aire le parece un cometa, revoloteando sus alas como nocturna mariposa ante la luz. Pensó entonces que el ave era él mismo, siempre encumbrándose a las alturas del cielo que cada vez le parecía más lejano y cayendo en picada cuando su corazón no hacía bien.
Mira a lo lejos al halcón peregrino, el peregrino que aún no llega a completar su destino.
Faltan bosques de encino que cruzar, como si cada rama, cada hoja le sugiriese un pecado que borrar, indulgencias que recibir por cada paso andado.
Escalar cárcavas sombrías, tropezar con lo terreno, mojarse de lo humano para alcanzar lo divino.
Avanza a tientas el solitario peregrino, guiado por el peregrino halcón que sobre la estepa fría sus alas desgrana.
Vuela a tientas sobre la fría hierba la solitaria ave, enredando sus plumas en el enebro creciente. Sumerge entonces en las profundas aguas de oscuros estanques, promesas inconclusas de un cambio que no sucedió. Luego anida entre las flores, orándole al cielo no acechen las sombras, no llegue su depredador, pase por alto su linaje, proteja sus frágiles crías. No detiene su andar el peregrino que cual halcón sobre los techos otea el horizonte en busca de algún torreón de iglesia que en lontananza le indique la meta que está por concluir. Su maltratado ropaje, no es más que plumas al viento. Su desgarbado pico le indica está débil ya. Miles de kilómetros acumulados a cuesta, joroban su espalda. Sus garras ya nos son pies más.
Sobre la aguja de una vieja torre sus esperanzas flaquean, su fe ha sido puesto a prueba se desvanece hasta no dar más.
A la mañana siguiente una tibia mano recoge el cuerpo aún palpitante, lo coloca sobre el altar, exhala sobre su cuerpo inerte aliento de vida, reanima sus fuerzas; le susurra oraciones de ánimo.
Deja de ser peregrino el halcón que hasta ayer surcaba el viento. No vuela más. Sobre la cúpula del templo, el cielo mismo ha encontrado, al lugar sagrado llegó. Lo divino se ha volcado a él. La Gracia de Dios sobre sus alas posó.