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viernes, 22 de febrero de 2013



EL DAÑO

Vi entre la hierba, un  retoño de amapola que recientemente desplegaban su hermoso color escarlata al sol.

Lo quise arrancar por el solo hecho de entregarme al placer de oler su exquisita fragancia.

Así lo hice mientras pensaba para mis adentros:
“¡A nadie hago daño con esto!

Esa tarde, la abeja, la mariposa y el colibrí notaron la ausencia de aquella hermosa flor… 

sábado, 9 de junio de 2012


MENSAJE OCULTO

En la debacle de esta sociedad, la historia regresa como el reflujo de las mareas, depositando en la playa lo que le sobra de su pasado o lo que desea recordar.
Se sigue con la testarudez de la costumbre. La fuerza se convierte en la única razón para resolver lo no resuelto.
No entendemos entonces las intenciones ocultas de los que gobiernan nuestras mentes y el indefenso, el pueblo mismo se transforma en masa informe del lado de una u otra antípoda. El antagonismo florea en las calles y se sienta a esperar con su pancarta al suelo cada vez que su voz no es escuchada, o lanza piedras al vacío esperando oir respuestas. El Mesias no llega y los estómagos se adormecen de alimentos ya idos. Por las cloacas corren los últimos almuerzos, la frugal cena de ayer, o la que simplemente no vendrá. Frente a la caja tecnológica, la que embrutece las mentes y entretiene a las almas sencillas se presentan las ideas como Fauno en su Laberinto, sin otra salida más que inventar palabras de aliento que no sean otra cosa que vanales mentiras. Y las respuestas se muestran tras el sublimal mensaje de ayer que hoy es otro que ni siquiera entendemos. Después en el tapete de la internacional diplomacia, los dueños del mundo debaten la solución final sin tomar en cuenta a la postre qué piensa el aborigen de montaña, la carita sonriete y sucia de la portada de la "National Geographic", o la sudorosa frente del sembrador de verduras, sin contar siquiera con la palabra de la madre, el anciano o el arma del guerrillero. Es cuando la pregunta queda sin respuesta y el mensaje queda oculto tras estas letras.

LLUVIA SOBRE HAITÍ

Llueve sobre Haití y las madres aún no encuentran consuelo.

Por las calles, el agua amaina por momentos el llanto de quienes miran al mar buscando el salobre aire de otras tierras, de las áridas arenas del desierto y la nostalgia de volver al inicio de los tiempos.

De una África ancestral y la Casa de sus Padres.

Llueve sobre Haití y una niña tropieza con su propia esencia y se percata que ya nunca más jugará a las muñecas, deberá buscar su sustento diario.

Llueve sobre escombros y campos abandonados, sobre las techumbres y los pastos secos, sobre la ira de quienes lo han perdido todo y la duda del qué vendrá.

Moja las frentes rotas, lava la sangre sobre los corales y sube las montañas.

Esta noche en los valles cientos de hombres vagarán por las calles empuñando objetos para lanzarlos luego sobre ventanales.

Una cámara de video aguardará el momento de mostrar rostros silentes contra las miradas del mundo, mientras el viento se lleva el olor de humanos que ya no están.

Llueve y aún las madres no encuentran consuelo, porque cientos de ángeles con caras de niños volarán sobre la ciudad, sin encontrar donde anidar de nuevo, quizás solo en los corazones dolientes de quebrantadas mujeres en espera de que la alborada las encuentre vivas.

Sobre el cielo nocturnal una estrella fugaz surca los cielos, mientras un solitario hombre sentado sobre un derruido edificio le sonríe a la luna, mientras de sus ojos brota una lágrima.

Decide bajar y no llorar más, entregar sus manos a otros para regalar calor y esperar la mañana para empezar de nuevo.

domingo, 20 de mayo de 2012


LA REBELIÓN DE LAS URNAS

Todo era carreras en el recinto electoral, los miembros de mesa ya no sabían que hacer, faltaban pocos minutos para que iniciaran las elecciones nacionales y aquella rebelde urna no quería cumplir su función. Desde temprano habían alistado toda la papelería necesaria para iniciar el proceso de votaciones : revisión de las actas de apertura, padrones con el registro de electores pegado sobre las paredes, confección de los recintos secretos para estampar la decisión de los sufragantes y hasta la urna había sido colocada estratégicamente delante de los funcionarios para poder mirar el acto más sublime de la democracia, introducir en aquel recipiente de cartón corrugado el documento que en unión con miles de ellos darían el poder final a uno de los candidatos para ser electo como gobernante de la Nación. Pero esa mañana fría a pocos minutos de abrir las mesas de votaciones aquella bendita urna se negaba a recibir los sufragios emitidos, pues la ranura que había sido hecha a propósito desaparecía cada vez que los funcionarios llegaban a revisarla. Ya no sabían qué hacer, cambiaban los recipientes por otro y todos automáticamente a la hora de armarlos presentaban que la ventanita para recibir los votos desaparecía como por arte de magia. A los minutos las cadenas televisivas mostraron un panorama abrumador, en todas las mesas electorales del país estaba sucediendo el mismo fenómeno. Todas las urnas se negaban a recibir los votos. Ese día no hubo elecciones y el gobierno de turno declaró emergencia nacional, hasta que se diera una investigación de lo sucedido. Las causas nunca quedaron claras, lo cierto es que en protesta, en una antigua bodega donde se almacenaban las urnas , una de ellas alzó su voz y pronunció un discurso algo "acartonado" como ella misma, pero que recogía el pesar de un pueblo que estaba cansado ya de votar por los mismos candidatos de siempre, quienes en su propaganda no presentaban verdaderas ideas que solucionaran los problemas urgentes de una población desilusionada de sus gobernantes. Ese día cada caja, cada urna decidió hacer voto de silencio y cerrar su boca, para impedir que los ciudadanos votaran. Algo increíble esta historia, pero lo cierto es que sentado en su escritorio, un atrevido escritor la digitó en su computadora personal y por medio de una fibra óptica fue leída más allá de su país.

viernes, 27 de abril de 2012


MUÑECA DE TRAPO

"¡Estúpida niña, te measte en los calzones!".

Fueron las palabras que rondaban la cabeza de aquella pobre mujer que en penumbra en un rincón de la cocina lloraba apretando una vieja muñeca de trapo, el único juguete que atesoraba de su infancia y que heredó a su hija en los cortos años que tenía . Ésta se encontraba durmiendo plácidamente en su camita hecha de madera de cenízaro laqueada y con grabados de flores y estrellas. El frío apenas entraba en la ventana y la mujer que permanecía en la cocina seguía llorando. Su marido, padre de la criatura que dormía cándidamente, había llegado escasos minutos borracho y a punto de puñetazos había maquillado su rostro con el color púrpura de la muerte. Tras improperios y luchando porque una navaja no atravesara su corazón, la mujer forcejeó un buen rato para que el despiadado hombre la soltara. Al final lo hizo y se alejó vociferando y chocando contra las paredes como abejón que busca la luz. Sólo un sepulcral silencio acompañado por el trémulo sollozo de la que en el rincón de la cocina permanecía, sirvió de marco para los acontecimientos que acababan de ocurrir.

"¡Eres un niña fea, con esas trenzas mal hechas..!".

Seguían las frases inundando su cerebro. Frases que desde niña le acompañaron toda su vida, producto de años de maltrato y abandono de sus padres. Maldecía el día que había jurado romper el círculo y ahora su pasado volvía a través de los puños en su cara y las ofensas revoloteando como golondrinas en sus oídos; buscando un pretexto para marcharse y no volver jamás. Ahora sola entre la penumbra de la noche, acompañada apenas con su muñeca de trapo se sentía derrotada.
No se sabe si por el frío que se había adueñado de la casa o por el miedo a la oscuridad es que su hija se levantó entre lágrimas y temblores buscando el calor de su madre, una que hasta en eso se sentía derrotada. Como el guiñapo que sostenía en su pecho. Le había fallado.
La niña anduvo por toda la casa a tientas y en su último intento la encontró en la cocina con la barbilla recostada sobre sus propias rodillas. Corrió hacia su madre y la progenitora la tomó entre sus brazos, cálidos como la paja del granero, como los rayos tibios de una mañana estival. Procedió a acurrucarla y le cantó una canción de cuna, una que su memoria trajo de los pocos recuerdos buenos de infancia. Pronto la niña se volvió a dormir.
Las dos , en medio de la soledad y una inmensa tristeza flotando en el aire, absorbieron la poca luminiscencia de la luna, que apenas menguante se apresuraba a ocultar tras el horizonte.
Al alba, con un fuerte dolor de cabeza, su rostro destrozado por la furia de unos puños que nunca apreciaron la dicha de tener una buena mujer a su lado y con las esperanzas rotas en los bolsillos, la madre se levantó con su hija en brazos, abrió la puerta y corrió, corrió hasta el cansancio. Nunca más se les volvió a ver ahí.
Años después, la niña le contó a su madre que esa noche no se despertó por el frío, ni la oscuridad, ni el miedo a un fantasma, sino por no sentir entre sus brazos la cálida presencia de su muñeca de trapo.

sábado, 21 de abril de 2012



MUJERES DE BOSTNIA

Y aún murmuran las madres debajo de los escombros y ya ni recuerdan por qué están ahí.

Y las madrugadas se les pega a sus ojos turbios y se ciñen en sus vientres las faldas que no les quedan, mientras desnudan recuerdos que parecen niños: ¡aquellos que no tienen! ¡aquelllos que no existen!.
Y mientras el odio las olvida, ellas olvidan su nombre.


29 de setiembre de 1995

lunes, 12 de marzo de 2012



BALDÍO

En el baldío sitio de alguna esquina, el mozote,
la jaragua y el apasote se dan la mano con la
higuerilla, mientras la frágil plumilla del diente
de león rasga los aires, atemorizando los alados
seres de las jaulas.
Es posible que en aquel rincón olvidado se agrieten
los recuerdos vivos de los muertos, la transnochada
queja de unos huesos rotos; la purulenta tos de un
enfermizo cuerpo y una luz acabada en la trémula noche
del milenio.
Oídos que no quisieron escuchar,
voces que prefirieron enmudecer.
Alegrías interminables de niño
Aún rechina la madera en las enajenadas mentes de los
actuales testigos.
Aunque las estructuran mueran, la baldía forma del presente

nos recuerda aún, lo que fue.

martes, 6 de marzo de 2012


BARRIOS DEL SUR
Apilando calles
componiendo canciones,
revolviendo historias,
anudando temores.
La ciudad se me agolpa como
imágenes de mayo,
mayo que no deja de gotear
en las techumbres herrumbradas;
en la hora esperada para los barrios del sur.
Las paredes ennegrecidas con sombrías noches,
proyectan en las plazas sus perfiladas siluetas,
mientras en la alameda lloran los
hambrientos niños y duermen los fogones porque alimento no hay.
Alucinan los jóvenes con sustancias prohibidas y
rebosan en las esquinas, voluptuosas hembras, ofreciendo
sus carnes al mejor postor.
Todos esperando la hora, la que no llega, la de saltar la
cerca y transformar las quimeras.
Todos deseando ser otros;
trascendiendo sus vidas
a golpe de sueños prohibidos de
furia y recuerdos, de lucha y dolor.
Es la vida de los barrios del sur
de un sur que perdió su norte,
un norte que perdió el amor.

martes, 21 de febrero de 2012


CON ALAS DE ÁNGELES

Trastabillando por caminos a ningún lugar conocidos, la vida difumina formas de niños agrietados en concreto.
Y una ancestral furia ser aferra a sus cinturas de hambre y el olor a derrota se les impregna en sus indigentes miradas .
Como espantos alados vuelan en la noche y sus reproches se convierten en ideas perdidas .
Sus huesos no son más que armazones deformes.
Sus manos quebradas por puños de hombre retratan recuerdos con cara de hijos y en su labios la ausencia de brillo nos dice; ¡No hay sonrisas hoy!.
Quizás mañana se presenten vestidos, con rubor en las mejillas, con muñecas en las sillas y balones en el suelo.
Quizás las pupilas se nos llenen de lagrimas porque sus pasos ya no están.
Volarán entonces con alas de ángeles y caritas etéreas.
Abandonarán esta absurda ciudad y dormirán el sueño eterno.
Serán simples recuerdos...

Dedicado a los niños indigentes de nuestras ciudades.
12 de Mayo de 2009.

viernes, 10 de febrero de 2012


SANGRE FRÍA

Las luces de la aurora despertaron del sueño profundo a Tapiriit, mientras afuera el frío y el viento sacudían las hierbas bajas de la tundra. Sabía que algo estaba pasando. Ya no escuchaba el ulular del búho blanco, los pasos inquietos de la liebre y el mugir del caribú.

A lo lejos en la costa fría, paredes blancas estrepitosamente caían al mar para fundirse por última vez en una sola masa líquida. Aquella mujer de razgados ojos y rosados pómulos se recostó sobre el "permafrost" en su último intento de palpar el frío, aquel que orgullosamente llevaba en su sangre y la había identificado como una inuit, de las pocas que habían sobrevivido al tiempo. En su frente ya se marcaban arrugas, como los surcos que los glaciares dejaban al moverse. Por lo menos si moría pronto, estaría orgullosa de haber dejado herederos en este mundo, aunque este mundo ya era poco habitable, poco apacible y sus hijos estaban viviendo tiempos difíciles.

Más al sur en los "Bosques silenciosos de la Taiga", los abetos relucían verdes al sol, ya nunca más estarían cubiertos de la blanca nieve, y desde el soto, nuevos sonidos de insectos comenzaban a surgir, mientras de las ramas de abetos y alerces extrañas aves del sur trinaban con cantos nunca antes conocidos, con nostálgicas melodías suplicantes al cielo mismo, como pidiendo, les devolvieran su hábitat.

Tapiriit se mantuvo quieta sobre el helado suelo del ártico, sobre ella volaba el halcón peregrino que para esa época del año apenas el frío no le permitía su retorno. Su oído izquierdo, desnudo al viento escuchaba apenas los bloques de hielo que caían poco a poco del glaciar, haciendo maromas en el aire para adentrarse a las profundidades de ese mar cada vez más cálido.

Cerró sus ojos y recordó la aurora, con su cortinaje de luces en las tardes de aquellos inviernos crudos, cuando después de una nevada, las estrellas servían de fondo para ese espectacular fenómeno. Se preguntó si sus hijos, quizás sus nietos dejarían de ver la nieve sobre la tundra, la morsa y al Gran Oso Blanco caminar sobre el hielo, o si más allá de cualquier cambio, la sangre fría de su raza dejaría de existir.

Soñó entonces con los hombres de la aldea, pescando en los hoyos de la nieve, mujeres en fogones cocinando y niños felices corriendo sobre la tundra. Soñó con el frío helando sus huesos, aquel ancestral frío de la tatarabuela, su abuela y su madre. Deseaba heredarlo a sus hijos, compartir ese frío con el hombre que había amado toda su vida.

Como mujer de frío y viento, de nieve y aurora, de pieles y hielo quería ser recordada. Ahora ese elemento le abandonaba y sólo le quedaba soñar. Abrió entonces sus oscuros ojos al dejar de escuchar al glaciar precipitandose al vacío, se incorporó y sobre la húmeda hierba se sentó a observar el amplio mar que se erguía enfrente. Algo faltaba en el paisaje que habitualmente estaba acostumbrada a ver, ya no habían paredes blancas, solo bloques de hielo flotando a la deriva. Una extraña sensación de soledad e incertidumbre se confundía con la quietud del lugar.