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martes, 7 de enero de 2014



El DON

Yo sé que tengo el don... aquel que me fue dado desde mis primeros años de vida pero que con el tiempo se fue diluyendo entre las necedades de la adultez. Estoy seguro además, que no soy el único en poseerlo.  Años atrás lo supe  mientras en el camino contemplaba absorto al halcón de alas amarillas que proyectado contra las nubes grises me recordaba lo cerca que estaba  de llegar a la barriada.
El peregrino que se había cruzado conmigo esa fría mañana de noviembre  me lo había susurrado al oído, mientras me miraba fijamente a los ojos.

Con su voz que aún no identifico si se trataba de alguien joven o avanzado en años me había insinuado que a él le habían dado también ese mismo don:
"...si no me crees, escucha el canto en las cornisas..."

Recuerdo haber caminado aquel día con él sin pronunciar palabra alguna por un corto tiempo antes de entrar al caserío, donde su silueta se perdió entre las callejuelas repletas de cotidianas labores humanas.
Antes de despedirse, se dirigió de nuevo a mí  con apenas una imperceptible frase que difícilmente logré reconocer:
"...Mira con detenimiento la tarde detrás de las perlas colgantes..."

En otra ocasión que no preciso si fue ayer, el año pasado o hace muchos años atrás,  rebuscando entre los papeles de un cajón, me encontré con una viejas cartas de antiguas amistades, aquellas que ya ni lo son, porque los años se encargaron de alejarnos, o porque simplemente había decidido olvidarme de ellas.
Al leerlas bajo la tenue luz de una vela, porque en aquella extraña tarde, el fluido eléctrico se había ido, encontré frases que al unirlas  con detenimiento formaron ideas que solo años después adquirirían sentido:
"...el azul se te pegará a tus ojos... aunque las arenas no estén debajo de tus pies..."

También en las mismas páginas del nuevo testamento que no tan a menudo leo, pero que reconforta mi alma cada vez que lo hago, confirma mis sospechas de que poseo el don... el que al menos una vez al día se me manifiesta. Como el pasaje de los pajarillos del campo que según el texto, Dios les proporciona el alimento diario, o la parábola de la semilla de mostaza que me recuerda el significado verdadero del Reino de los Cielos.


En otras ocasiones algunos extraños que de vez en cuando coincidieron conmigo a lo largo de mi vida se acercaron a mí para recordarme  que yo poseía ese don.  Como el mendigo que una vez me señaló la mota de diente de león que relucía tímida entre el concreto de la ciudad o el discapacitado que ayer me suplicó,  me detuviera para colocarle su reloj de pulsera que se le había desprendido y que con solo una sonrisa, recuerdo me saludó agradecido por la ayuda otorgada...

Y es que al analizarlo detenidamente, llego a la conclusión de que no soy diferente a ninguna otra persona, más bien creo, me confundo entre una mayoría que aún no encuentra su lugar en este mundo y se pierde al igual que yo, entre el deber y el hacer, entre el querer y el no poder.  Porque aún tienen miedo de liberar su espíritu y más  bien  se refugian en infinidad de fórmulas y patrones preconcebidos, buscando integrarse a una sociedad cada vez más difícil de comprender.

Mi don lo tienen muchos, y estoy seguro que todos nacemos con él. Algunos lo desarrollan conforme transcurren los años, otros lo pierden en el camino y quizás al final de su existencia lo vuelven a recuperar porque regresan a una vida más contemplativa.   De mi parte, aquel don desde muy pequeño se me había pegado a mi cuerpo y mi alma, como una lapa a la roca. 

Mis maestras de primaria lo habían notado cuando en clase yo no dejaba de admirar la mariposa que revoloteaba en la ventana de mi aula en busca de una salida al jardín y en mi afán de socorrerla me ponía de pie sin el permiso de ellas para encaramarme en una silla y así abrir la ventana a la infortunada criatura.

Mi don es completamente humano, diría primigenio, nacido desde los primeros tiempos de la humanidad. Es humano, porque es  intrínseco al hombre y es divino, porque nos fue dado por el Padre, el  mismo Alfa y Omega, el principio y fin de todo...

Con los años me he dado cuenta que este don no puede dejar de manifestarse en mi y para dicha mía he descubierto que son más quienes lo poseen, que los que no.  Quizás los niños, los poetas, los artistas, las personas libres de pensamiento, los viajeros, los altruistas, los soñadores, los optimistas y por supuesto las personas que van por la vida muy de la mano de su Dios; sin importar  a qué religión pertenecen, son quienes lo poseen.

El don del que hablo es el don de reconocer en cada manifestación de la naturaleza, en cada acción humana la obra del Creador. 

No me ufano en ello, pues como ya dije sé que muchos lo poseen... y quienes no lo han descubierto...las hojas de arce cayendo en otoño, el resplandor del sol en la hierba tras el rocío de la mañana, la cálida mano del amante sobre  otra, la lágrima silenciosa que resbala en la mejilla tan solo por escuchar una antigua melodía o el solo hecho de sentir en la piel el viento de la tarde colándose por las rendijas de la puerta, son algunos de los pretextos para recordarnos que aún poseemos ese don...

Ahora reconozco que el canto en las cornisas era el arruyo de alguna descuidada paloma que escuchaba a menudo en mis días de infancia, aquella que aún resuena en mis oídos.

Ahora sé que mirar con detenimiento la tarde detrás de las perlas colgantes significa contemplar el arcoiris sobre las gotas de lluvia que colgando de alguna tela de araña aún me hace reír, y por último el azul en mis ojos, no precisamente es el ancho mar...sino mis montañas que en lontananza adquieren el color mismo de cielo... De eso se trata mi don, el don del que les hablo...

  



viernes, 3 de enero de 2014



EL ABANDONO DE LAS MUSAS


Mi pluma se detiene a veces en la esquina inerte de mis páginas,  en el blanco insoportable de mi falta de inspiración; en el punto y seguido que no llegó y la coma que me faltó.  En aquel signo de interrogación y hasta de admiración que no pude plasmar sobre el inconcluso poema de ayer.  
Recorro entonces las imágenes del día, con el fin de atraer de nuevo mis musas, aquellas que aún no llegan; me refiero a la luz tenue de la tarde, las ramas de buganvilia azotadas por el viento o el aturdidor ruido de la ciudad que se me pega a mis oídos y hasta quizás el desconocido que me miró extrañado por el nuevo corte de pelo que recién me hice.    No sé si los que andamos reelaborando las palabras para que suenen más metafóricas, más sublimes, o más encantadoras para quienes nos leen, tenemos el deber de alcanzar la entereza de esperar que en algún rincón olvidado de nuestra existencia, nuestro corazón se acompase al ritmo del universo, o al susurro divino de lo alto  para que resurja de nuevo el arte de escribir…  aquel que perdí hoy.

domingo, 29 de diciembre de 2013



CAMINANTE

Camino adelante
sin mirar atrás
Avanzo seguro
aguardando que
al ritmo de mis pies
nuevas formas conocidas
aparezcan en el campo
abierto de mi visión

Ocultando añejos temores
reconozco verdades aun no
reveladas. 
Mis extremidades
me llevan al retorno perenne
de mis iniquidades;  mientras
reconozco que  la sublime mano
de mi Creador moldea
mis torpezas. 

Todo esto sucede
mientras las horas me consumen.

Mientras a cuestas recorro,
la interminable senda de mi vida


"Mi fe se sustenta en la verdad absoluta de Dios y en la relativa verdad de una iglesia que aún desconozco".
                                            Revelado en Sueños


miércoles, 12 de junio de 2013


ENTRE

Entre ser y estar
Prefiero haber.
Haber vivido un solo instante
sin arrepentirme luego,  de ser
lo que no quise ser.

Entre soñar y reír,
prefiero despertar
y reírme de lo que soñé,
antes que la pesadilla de
encontrarme con la realidad,
detenga mis intenciones de soñar
despierto.

Entre ir y volver
prefiero quedarme
a contemplar la luz de la mañana,
que se me cuela en los párpados;
mientras decido a donde ir, desde el
letargo de mis pensamientos.

Entre existir y morir
prefiero volver al origen de
mis trasnochadas ideas,
para existir sonriendo,
mientras de recuerdos, me muero

Es la palabra ENTRE la que
aturde mi mente.
Es suplicio de siempre.

Es canción disidente.

viernes, 29 de marzo de 2013



BORRAR PALABRAS
Borrar palabras es como remendar lo dicho en el sitio preciso de la encrucijada, donde nada se pronuncia  y todo se propala.
Convertir la vergüenza de haber enunciado blasfemias,
en la afonía misma de las gargantas.

Borrar palabras es volver al inmaculado blanco de las páginas.
Al principio mismo del silencio eterno de la nada.
Pronunciar de nuevo lo que me cuelga del alma.
Desandar lo dicho, abordar la calma.
Es empezar de nuevo,  es volver al alba.

jueves, 28 de marzo de 2013



¿DE QUÉ COLOR?

En la banca de un parque cierro mis ojos, escucho el viento rozar las jacarandas.  Al abrirlos el mundo ahora es lila. Al cerrarlos de nuevo el ruido de un auto aturde mis oídos, poco a poco la luz de la mañana se sumerge en las cuencas de mis ojos, veo a la distancia el humo de aquel auto, el mundo ahora es gris.  ¿De qué color será en el siguiente parpadeo?




DEJARLO TODO

Dejarlo todo cuánto quisiera.

Abrir la celda, poder volar.

Cortar la cuerda de mi comenta.

Vivir sin penas, hasta cantar,

Una canción de tregua a mis amigos,

De pasos firmes en los Caminos,

De ramas altas que me den cobijo,

De alfombras de hojas en qué retozar.

Pero aún no es mi hora de alzar el vuelo,

Soy remedo de hombre entre los miedos

De suplicar de hinojos al mismo cielo

Alcanzar la dicha de volver andar.

Vivir la vida sin mirar atrás. 

viernes, 22 de febrero de 2013




RETAZOS DE ESENCIA.

¿Qué es el hombre al final de sus días?

Vanidad hecha briznas sobre una piel ya inerte.

Madeja de orgullo en oscuro subsuelo.

Glorias pasadas en olvidados cementerios.

Así es el hombre al final de sus días. 

Una ínfima partícula.

Un retazo de esencia... 

domingo, 10 de febrero de 2013



MIENTRAS TANTO SIGA VIVO

Masticando pensamientos
con la rabia de no ver el camino,
un día  encumbré mis deseos,
a la altura de lo escrito.

Escribí de hombres que no
mastican pensamientos, sino
de hambres pegados a los basureros.
De mujeres pariendo soledades
y niños sin escuela ni recreos.

Escribí de gobiernos asesinos
y líderes que  levantan puños en
los púlpitos por un Dios que se
desangra.

Alcé mi pluma, más de una vez
para tachar de negro
palabras que no quise pronunciar:
Guerra, muerte y esclavitud.
Odio, avaricia e intolerancia…

Escribí  también de desamores,
traiciones  y olvidos. 
De tristezas, añoranzas y fatigas;
pero aún no olvido que mi pluma,
escribe lo que yo también le exijo.

Aún controlo mis manos,
y del lienzo de mis papeles
dibujados están mis amores:
Tardes bellas en los abrojos,
sonrisas francas de los niños
y amaneceres cálidos en alguna piel.
¡Me doy cuenta que aún puedo escribir,
mientras tanto siga vivo..!



domingo, 3 de febrero de 2013




PUERTAS ABIERTAS

Miro puertas que se abren, otras que se cierran.  Ventanas que transparentan cotidianidades, voces de niños llorando, canciones que alguna vez escuché en lejanos años; luces en las faldas de antiguas montañas que me recuerdan que el presente siglo ya llegó a esas inmensidades; mientras sentado en el asiento de algún autobús la noche cobija mis pensamientos los convierte en palabras que garabateo con cada movimiento serpenteante de esta máquina rodante y que en cada bache del asfalto los caracteres mal logrados intentan contar una historia.   Me doy cuenta que la nocturnidad me  atrapa en este breve relato.
Miro puentes que sostienen vías, edificios por todos lados; luces de neón e innumerables  elementos propios de cualquiera de nuestras  urbes, mientras a mis oídos siguen llegando melodías de antaño.
El viento a través de los ventanales rodea mi cuello y me hace estremecer.  Continúan llorando en afán de súplica los niños que escuché hace pocos minutos atrás.
Termina mi corto viaje.  Al abrirse las puertas del autobús me doy  cuenta de que el camino a casa acaba, salgo de él y al mirar el árbol de poró que sostiene una cerca y que me sirve de referencia  para demarcar el lugar; me alegro de saber que detrás de la puerta que acabo de dejar, hay otras que me invitan a entrar. 
¡Aún hay puertas de hogar que se abren para mí!
Me recibe mi esposa después de un día de trabajo…

viernes, 25 de enero de 2013


 

Delante de mis ojos

Mi corta vista me impide mirar más allá de las arboledas lejanas, las montañas azules y las nubes que a lontananza me parecen mechones de algodón, rizadas por el viento.  Me coloco los lentes y la vida vuelve a ser afable. Lo lejano se acerca, lo opalino se transparenta y el color inunda mis pupilas.  Se alzan aves en los cielos y el sol brilla más que minutos atrás. El verde es más verde, el amarillo lo es más.  Y la tarde me invade con su gama de rojos y naranjas hasta quemar el aire.  Es sorprendente que cristales delante de los ojos cambien vidas, transformen espacios y permitan admirar el diorama de la creación con más intensidad.  Lástima que los humanos, incluyéndome a veces  preferimos mirar el gris de las aceras y el oscuro asfalto de las calles para evitar pensar en que todo lo que nos rodea tiene un dueño, el Ingeniero de las formas, el Arquitecto de lo creado.

martes, 15 de enero de 2013



SOY JUSTO
(monólogo reiterativo)

Soy Justo, vivo  detrás de la quebrada.
Tengo derecho a vivir, y vivo de mi trabajo.
Trabajo recolectando lo que los demás desechan;
desechos de comida, basura plástica y botellas de vidrio,
vidrio azul, verde y transparente, latas de aluminio y llantas usadas.
Usada las cosas, los hombres las desechan.  Así como un desecho a veces me siento yo. 
Yo deseo que los gobiernos pongan atención a los niños que andan en las calles pidiendo.
Piden limosna y comida para vivir.
Vivir así no es vivir, es solo sobrevivir. 
Recuerdo que sobreviví a dos accidentes automovilísticos, y a una bala perdida que me dio en el estómago, cuando malos vecinos discutían.
Discuten en el parlamento leyes en contra del maltrato animal, pero poco hacen por erradicar el maltrato a los pobres.
Pobre es el que vive en esta situación,  pero más pobre el que tiene y no comparte.
Compartir es quizás la solución a los males de la sociedad. 
La sociedad debiera compartir la riqueza por igual. 
Igualdad es que haya derechos para todos. 
Todos gozarían de derechos si las leyes fueran más justas;
Justo es mi nombre y vivo detrás de la quebrada…

sábado, 12 de enero de 2013



VIENTRES
(Bendición eterna)

Sobre la herbácea llanura de los vientres
La frágil simiente asoma
Cual luna menguante en creciente 
Amalgaman figuras y formas

Nacen pies, cabeza y boca
Y con ello razón, sentimientos,  dicha
Y desdicha, esperanzas, manías,
Pecados , virtudes,  sueños y dudas
Y todo aquello que al humano concede
El Creador mismo de la vida.

Sobre  la herbácea llanura de los vientres
Un volcán de vida emerge, nueve meses
De alegría concentrada en la espera
Nuevo ser que brota de las madres
Bendición eterna de esta Tierra.

jueves, 10 de enero de 2013



 

SIN PALABRAS

CUAL SINUOSA ENSENADA
MIS PALABRAS SE ENREDAN
EN ATRAPADAS METÁFORAS
QUE CON DIESTRA MANÍA
SE ME CUELAN DEL ALMA
Y EN APEDREADAS RAZONES
SILABEO REYERTAS
SONIDOS DE VOCES
MAÑANAS LEJANAS
ES CUANDO EN SOMERAS IDEAS
REMIENDO SONETOS,
DIBUJO SOSPECHAS
QUEDO CON LA PLUMA
COLGANDO DEL ALBA
SOBRE PÁGINAS BLANCAS
SIN QUE ESCRIBA NADA.

 

CANCIÓN ESCONDIDA

Deletreando versos
marche en días de estío 
en busca de alguna estrofa
para mis alegres silbidos.

Encontré girasoles
remontando las colinas,
hortensias frondosas  entre
mis pupilas.

Tropecé entonces con
gigantescas piedras,
de frambuesas llenas.
silvestres en la vereda.

Recogí de las aguas de torrentes frescas:
nenúfares, libélulas y juncos de la ribera.

Volé contra el viento al son de la prisa y
en hojas de enebro colgando
me dormí aleteando en la briza.

¡Entre las nubes anduve,
soñando que estoy despierto!

Continué  deletreando mis versos,
en busca de terminar canciones.

¡Aquellas que aún no terminan!
¡Aquellas que aún se me esconden!




LA EXISTENCIA

Es la existencia construida en
suma de ayeres, murallas salvadas,
de infortunios y golpes,
como mazos en  noches sobre
paredes desiertas.

Es transgredir la suerte echada en monedas,
sobre el purpuro manto de horas en vela.
Acampar en suelo de guerra,
luchar en trillados salones de historia ya idos.
Masticar la dicha de haber sorteado
temores  para dormirse luego
en  torrentes de goces,

En la vacuidad  misma que sufren los hombres,
la existencia es vital fuerza de arcaica memoria.
¡ Substancia  de dioses !.
¡Aliento  de vida!

miércoles, 9 de enero de 2013



“En el viaje de la vida no me
pueden  faltar mis versos , la pluma
en la mano y un pretexto para escribir..”.

martes, 8 de enero de 2013



EL COLECCIONISTA DE RECUERDOS

Qué es la vida sino un cúmulo de recuerdos acumulados  en nuestra mente.  A veces se nos presentan coherentes y secuenciales, a veces fraccionados y sin sentido.
Un objeto o evento puede desencadenar la salida a la luz de nuestros más recónditas evocaciones, incluso un olor particular nos puede conducir a un preciso momento de muestra infancia quizás a los primeros días en que ingresamos a la escuela o en nuestra adolescencia a los brazos mullidos de nuestro primer amor, aquel de “mariposas en el estómago”  En fin los seres humanos reelaboran constantemente su existencia a partir de las  experiencias vividas durante años, de coleccionar recuerdos para luego revivirlos algunos sólo en la mente, otros en el papel o en las pantallas de las computadoras. 
Los recuerdos se convierte entonces en la sustancia de la que se nutren los escritores…
¡Soy uno de ellos!…
Un coleccionista de recuerdos...



LA MONEDA


Me incliné a recoger la moneda que se me había caído de mi roído pantalón y entonces me di cuenta de que entre las piedras aún crecen dientes de león, apasotes y hojas de llantén, de aquellas que en mi infancia acostumbraba arrancar para  hacer según yo empanaditas machacadas con mis manos.
Al incorporarme de nuevo  el viento de la tarde me  hizo cerrar por un instante mis ojos y entonces divisé al ave de alas negras sobre mis cafetales que ya no están y a lo lejos las verdes montañas cuajadas de frondosas copas de malinche.
Ahora de nuevo abro mis ojos, molesto por una partícula de polvo que me hace lagrimar.  Me veo entonces derramando mi primer llanto por la niña que me había abandonado en medio del patio de mi escuela.
Me seco la cara y mientras espero el autobús me recuesto en un poste de luz, entonces revolotean en mi mente los viejos bombillos de campana que iluminaban mi antiguo barrio, de incendios constantes en casas de madera, de confites gratis en la pulpería de Don Juan; de rayuelas en la acera y cuerdas en movimiento en espera de que pequeños pies se atrevan a saltarlas.  De un beso a escondidas en el portal de alguna vivienda y santos en andas en Semana Santa, de molinos de maíz en la madrugada y cometas de bambú en las plazas

Busco en mi bolsillo la moneda para completar el pasaje.  Me doy cuenta de que me faltan cincuenta colones y reconozco que era la moneda que se me había caído; la que escasos minutos atrás sacudió estos breves  recuerdos, como una instantánea en mi mente.
Abordo el autobús…


CRISTALES DE VIENTO


Ayer entró el viento en las rendijas de mi puerta y con él el sonido de la lluvia  Llovía y cada gota golpeaba mis oídos y se acunaba en mi corazón que de sobresalto se aceleraba cada vez más.  Recordé entonces las interminables tardes frías de mis inviernos de infancia sentado en algún pupitre de mi escuela, mientras mi maestra se esmeraba a enseñarme a leer y a mejorar año a año mi torpe caligrafía y mi rudimentaria ortografía.  Recuerdo aquella lluvia horadar surcos sobre el amarillo césped del amplio patio, imposible de pisar por el agua empozada  a cada palmo del terreno.  Recuerdo la lluvia empañar todas las ventanas que a lo largo de mi existencia fueron cristales de viento que se interponían entre mis ojos y la realidad tangible.  Ventanas de escuela, parabrisas de autos, ventanales de autobuses, vidrieras de tiendas, espejos colgando en alguna de las paredes, ventanas de hogares que ya ni están, lentes en mi cara.   Pareciera que la vida se enmarca mejor detrás de algún cristal, se controla y reduce nuestro planeta en el transparente límite de aquella invención de cristales fundidos.  Detrás de las ventanas  nuestro mundo se rehace minuto a minuto mientras apenas somos espectadores, a veces pasivos,  a veces activos
Detrás de las ventanas escucho aún el sonido de  voces lejanas que me conducen a mis primeros años de vida…


SOMBRAS EN LA PARED


Me introduzco en la penumbra de la habitación con solo el objeto de mirar flamear la vela sobre el recipiente plástico que al final de su existencia terminaba por derretirse.  Me encantaba quedarme estático en la oscuridad,  hipnotizado por la roja llama que si no fuera por la briza que salía de las rendijas de las paredes de madera o mi aliento, apenas se movía. Me encantaba también el místico olor a cera fundida que manaba de ellas que era como un incienso que me conectaba con el mundo espiritual. Sólo cuando soplaba adrede sobre ella,  sombras se proyectaban en particular vaivén en el cielo raso y el entablillado de aquella habitación. Mi madre acostumbraba encender una velita cada vez que mi padre se ausentaba algunos días o semanas o la enfermedad se apropiaba de mi hogar.  Recuerdo estampitas de santos y un Sagrado Corazón de Jesús iluminarse apenas por la flama de esas velitas, colocadas como dije a veces en  pequeños frasquitos plásticos, y en otras sobre la superficie del agua, flotando sobre una capa de aceite. Lo que sé es que en la nostalgia que significa recordar esa escena, mi corazón se estremece aún en mi vida de adulto por la luz de cualquier vela, pues siempre significó para mí una necesidad que urgía solventarse y una súplica al mismo cielo por la seguridad y salud de alguien en la familia.




PÁJAROS LEJANOS

Miro aquella mancha roja en las ramas del limonero, lo veo a lo lejos e intento acercarme furtivo.   Quizás el sonido de mis pies me delatan y el cardenal sale huyendo.  Miro la paloma mimetizándose sobre la gris cornisa del edificio,  sólo el rojo rubí de sus ojos me recuerdan que está vivo.  Alas negras en lontananza flotando sobre la amarilla tarde me sorprenden  más allá de las ventanas del autobús, mientras un gavilán sobre alguna plaza levita en busca de su presa.  Comemaíces en el suelo, picoteando la hierba fresca en tardes de invierno, son compañeros de siempre cuando transito la ciudad.  Azulejos se cruzan en constante algarabía en mi campo visual entre los parques  y el bosque y el sonido de jilgueros colgando de alguna jaula me recuerdan que ando preso entre los humanos.  Llega entonces la noche y sobre los caminos, olvidados, el ululante sonido del autillo se pega a mis oídos sin dejarme dormir.   No será hasta que el lejano sonido de algún gallo me anuncia una nueva  mañana …
Aves flotando en mi cabeza, sonidos lejanos, sonidos actuales, que aún me sorprenden, colores intensos surcando los aires; verde profundo confundiendo las  hojas, todos ellos coloreando la vida, haciéndola más afable.
“Pájaros lejanos
Como lejanos recuerdos
Que aún siguen viviendo
Arrullando  mis versos”.




Sobre aquel cementerio de fierros viejos mis pies anduvieron en equilibrio sorteando maltrechas máquinas agrícolas  y refacciones  de autos.  Me adentré en el esqueleto de una vieja camioneta abandonada y  me senté frente al volante para imitar que andaba en media carretera conduciéndola a alta velocidad.  Al lado de un montículo de electrodomésticos en desuso dejé mi bicicleta junto a  la de mi amigo Antonio, mientras nos divertíamos ambos tratando de acertar puntería contra una pila de botellas de vidrio vacías. 
Fue cuando íbamos por la décima botella quebrada cuando recibimos una epifanía del cielo de esas ideas locas de juventud que según nosotros iba a sacarnos de la pobreza.  Decidimos recolectar botellas de vidrio vacías para luego irlas a entregar a un centro de acopio que quedaba un tanto lejos de nuestras respectivas viviendas pero que en bicicleta, seguro la ruta se acortaba.  Lo cierto es que en los siguientes días nos adentramos por cuanto lote baldío veíamos y recolectamos entre los vecinos las ansiadas botellas de refrescos y licor, en espera de que nos dieran buena cantidad de dinero por ellas. 
Recuerdo llenarnos de purrujas, unos pequeños insectos que pican como el demonio y plantas de ortiga provocarnos salpullido por todo el cuerpo cada vez que entrábamos a los terrenos abandonados; además de decenas de vecinos cerrarnos las puertas en las narices con la insolencia de aquellos que no quieren ser molestados por jóvenes insistentes como nosotros.
Lo cierto es que después de dos días de recolección logramos llenar un bolsón con aproximadamente cincuenta botellas.  Mi bicicleta estaba maltrecha para utilizarla, así que decidimos amarrar a como pudimos,  las botellas en el respaldo de la bicicleta de mi amigo.
 Y ahí montados en medio de aquel saco de redomas, mi escuálida figura de entonces y mi amigo Antonio, nos fuimos contentos al centro de acopio según nosotros a recibir la gran fortuna esperada.
 Atravesamos medio barrio y antes de llegar a la intersección de la carretera, mi muy querido y aguzado compañero de aventuras se le ocurrió la “genial idea” de pasar frente a la casa de una amiga y admiradora suya; Katia,  con el fin de “pavonearse” y demostrarle sus dotes de ciclista y ahora nuevo “hombre de negocios”.  En el preciso instante que pasábamos por su casa, ella iba saliendo y como si fuera película de Hollywood y el destino se confabulara en contra nuestra, el conductor de la bicicleta, quien no era más que mi estimado Antonio,  dio un mal giro y con todo y botellas fuimos a parar al suelo.  Se pueden imaginar mis lectores que más de la mitad de ellas se quebraron y otras tantas fueron a parar a los caños cercanos.
Esa tarde solo se escuchó en aquella calle la risa burlona y a la vez tímida de aquella bella chiquilla, y el murmullo entre dientes entre Antonio y yo quienes de un salto nos levantamos y comenzamos de prisa a recoger las desventuradas botellas que habían sobrevivido al percance, mientras suplicábamos al mismo cielo nos tragara la tierra. 
Como han de suponer, ese día solo recibimos unas cuantas monedas por aquella mercadería y decidimos humillados disolver la sociedad hasta nuevo aviso. 
¿La moraleja que me dejó esta historia?
Definitivamente hay una máxima universal:
“No hay que mezclar los negocios con el placer… mucho menos con el amor” 
¡Ah,  y la próxima vez me conduzco en mi propio medio de transporte!