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viernes, 17 de febrero de 2012


LA BOTELLA AZUL

Con sus pupilas azules observó contra el cristal la hermosa botella también de un hermoso color azul profundo. Tan profundo como el mismos mar que apenas un año atrás había conocido en un viaje familiar hacia el sur del país. Deseaba tenerla entre sus manos, así que se acercó al mostrador de la vieja tienda y con una tímida vocecilla interpeló a Don Juan el tendero que se encontraba en labor de empacar granos de arroz en sendas bolsas plásticas hasta acumular los dos kilos que sugería la cámara de comerciantes detallistas. El niño presuroso le pidió le vendiera esa hermosa botella a cambio de las pocas monedas que guardaba celoso en los raídos bolsillos de sus pantalones.
-"¿Cuántas monedas tienes?".
-"Apenas dos de cincuenta colones cada una".
- Esas no son suficientes.
Y como preparándose para contar sus ya conocidas historias fantásticas, Don Juan apoyó sus gruesos brazos sobre el mostrador y con un guiño de malicia y una frotada de sus plateados bigotes abrió sus labios para pronunciar la sorprendente historia. Según él la botella fue adquirida en un bazar de la misma Arabia, misma que había sido encontrada a merced del viento y el sol en pleno desierto. Unos beduinos la hallaron, mientras sus caravanas se dirigían hacia el norte La botella era mágica ya que poseía un brebaje para enamorar a las mujeres más bellas de Oriente. Él mismo había tomado de las pocas gotas que contenía el recipiente y con ello había logrado enamorar a su esposa, la misma que hoy en día compartía su habitación detrás de la tienda. Dicen que cuando era joven, era la mujer más bella del barrio y la envidia de muchos. Ahora con los años había subido de peso y ya presentaba en su rostro las marcas que solo dan los años, pero el anciano tendero la seguía amando como el primer día que la conoció, según él por los embrujos de la mencionada botella.
-"Bueno muchacho , y te preguntarás ¿cómo llego esta reliquia a mis manos?", preguntó Don Juan al niño.
Ésta fue adquirida por el capitán de un barco que después de navegar por cientos de mares, llegó a unos de los puertos del Atlántico del país por ahí de 1857 , quien al tocar suelo se la vendió de inmediato a mi tatarabuelo paterno por unas cuantas monedas como las que me quieres ofrecer . El capitán le había contado la historia de la botella y la magia para adquirir pareja con solo unos cuantos sorbos del contenido. Así mi familia , fue pasando de generación en generación la hermosa botella azul , siempre guardando un poquito del líquido maravilloso hasta construir nuestro árbol genealógico que ha llegado hasta nuestros días".

La historia se suspendió cuando sonó la campana de la entrada al llegar unos clientes que venían a comprar aceite para sus lámparas de mano. Después de atenderlos y despacharlos, Don Juan se dispuso a encender su pipa y con un aire de orgullo aspiró una bocanada de humo, después del cual se dirigió al niño con estas palabras:

-"No muchacho, por nada del mundo me desharía de esta botella, es una reliquia familiar"

El niño, con sus ojitos azules y con una lágrima asomándosele por el rabillo, le suplicó se la vendiera o al menos le diera unas cuantas gotitas del contenido para según él, enamorar a la linda niña de cabellos dorados como el mismo sol que sentadita en su sillita de madera de palo de rosa acostumbraba asomarse por entre las amapolas del jardín de la casa de al lado.

El bonachón gordo de Don Juan con una sonrisa maliciosa asomándosele por entre los pómulos , en silencio se acercó a la ventana y extrajo de la urna la ansiada botella color azul como los mismos ojos del infante. En un frasco pequeño de una de las alacenas derramó unas cuantas gotas del extraño líquido y con torpeza se las colocó en las manitos del inocente. Feliz el niño y después de agradecerle, salió corriendo hacia la puerta con el anhelado tesoro . Don Juan lo detuvo con un: "¡Espera jovencito!. Se te olvida que este es un gran secreto que cuesta dinero, no es gratis, dame una moneda de las tuyas y te llevarás a parte del brebaje una paleta para que te la comas en el camino". Después del intercambio, el niño salió con una carita de felicidad que pocas veces se vio por ese lugar, mientras que detrás del mostrador el Gordo de Don Juan mostró una gran satisfacción por el negocio recién hecho.

lunes, 6 de febrero de 2012



LA VACA QUE LE CAYÓ UN RAYO

Detrás de la erosionada colina y rematada por un árbol de guanacaste, los relámpagos y truenos se perfilaban en el cortinaje de una tormenta que no terminaba de desarrollarse.
El viento soplaba tan fuerte que en la llanura, los pocos arbustos de acacias, los cedros y madroños se doblaban a barlovento y se volvían a enderezar a sotavento. El ganado buscaba refugio debajo de las copas de los árboles y los arrieros hacían lo posible para mantenerlos en calma. A lo lejos una pobre vaca había quedado detrás del rebaño y en el preciso momento en que se iba a unir a la manada, un rayo fulminante la atravesó y toda la descarga pasó de su grueso lomo, por los pies hasta el mismo suelo. Cayó desvanecida y casi sin vida. Los sabaneros que estaban cerca quedaron encandilados por el fuerte impacto luminoso que cayó del cielo. El rayo hizo que se le desprendiera el cuerno derecho y de repente, quizás por la acción de las fuerzas provenientes del cielo comenzó a salir de él abundantes alimentos, uvas, manzanas, miel, y cantidades inmensas de pan que inundaron el valle. Los ríos se llenaron de un blanco color, pues la pobre vaca desmembrada conforme se ponía temblorosamente de pie iba haciéndose cada vez más grande y brotaba de sus inmensas ubres rica leche caliente, que al derramarse por la sabana se convertían en sabrosas cuajadas y queso maduro. Del cuerno que se había desprendido seguían saliendo alimentos inimaginables: galletas de todos los tipos y formas, rosquillas de maíz, pastas, buñuelos, y sabrosas cajetas.
-"Se lo juro, Doctor, todo eso sucedió cuando viví en el campo, yo mismo comí de las uvas que salían de ese prodigioso cuerno y bebí leche del mismo riachuelo que quedaba por mi casa. ¡Se lo juro doctor!. ¡Se lo juro!...".
El psiquiatra sólo se limitó a mirarle perplejo por encima de sus gruesos anteojos; mientras anotaba garabatos en su libreta, después les dio instrucciones a los enfermeros para que se llevaran al paciente a su pabellón.
Era el último de la tarde. Apagó la luz y cerró la puerta de su consultorio. Se quedó afuera de pie riéndose y cavilando sobre el extraño caso que acababa de atender. De repente un impulso lo hizo abrir de nuevo la puerta del consultorio, prendió la luz y descubrió la fuente de tan increíble historia. En la pared que quedaba a espaldas de su escritorio el calendario presentaba la figura mitológica del "Cuerno de la Abundancia". Él no había reparado en éste, porque apenas en la mañana su secretaria le había dado vuelta a las hojas. Apenas era primero de julio.

viernes, 3 de febrero de 2012



EL ESPANTAPAJAROS

Los pies al pisar las cañas secas producían un sonido acompasado con los latidos de aquel hombre que luchaba por salir hacia los linderos del extenso maizal. Sintió los pasos de alguien que lo seguía, sólo que en esta ocasión no se trataba de su hermano mayor. Estaba acostumbrado a que le hiciera esa broma, pero en esta ocasión no era él. Sabía que si volvía la vista atrás sería atrapado de inmediato, no tendría salvación. Apenas tres minutos atrás un rayo había caído sobre el viejo espantapájaros que se encontraba mal trecho en medio del inmenso maizal. Lo extraño es que el monigote no se había quemado, sino que por el contrario por extrañas fuerzas, aún inexplicables parecía que había tomado vida . En forma macabra hasta había aumentado de tamaño y amenazaba acabar con toda forma de vida a la redonda.
Su rostro que hacía poco se trataba de una simple calabaza con ojos ahuecados, adquirió el color de las cadavéricas calaveras de ultratumba. Su raído sombrero se había convertido en un yelmo al estilo medieval y sus pantalones de lona ya rotos por el viento se transformaron en armadura de caballero. Con sus propias manos arrancó de cuajo uno de los leños que sostenía ara su endeble cuerpo de paja y por las fuerzas maléficas que le acompañaban la convirtió en un afilado sable que a la luz de la luna parecía la cola de un cometa chispeante que mostraba el filo de la misma muerte. El hombre siguió pisando las cañas secas de maíz, corriendo a todo galope, como alma que llevaba el mismo diablo. No quería volver atrás, debía seguir. Sabía que el granero estaba cerca y si lograba llegar hasta donde el arroyo atravesaba la cerca de abedules, estaría a salvo del terrible espantapájaros. Faltaban apenas diez metros para llegar al puente que separaba la fuente de agua con la cerca , cuando de pronto una rama se le enredó en su pie, cayendo irremediablemente al suelo. Se detuvo y aguzando su oído lo más que pudo notó que ya no escuchaba la amenaza por la cual huía, el campo quedó totalmente sumido en un profundo silencio, y ni los grillos se escuchaban . Al incorporarse para continuar corriendo topó de frente con la bestia que le perseguía. El pobre hombre fue asido de sus brazos por el gigante y de un solo bocado el infernal ser se lo tragó por completo. Después de masticarlo, regurgitó un par de botas y la hebilla de su brillante cinturón.
Antes de que regresara a su original sitio, dada las primeras luces del alba , el espantapájaros convertido en endemoniada criatura se difuminó tras las palabras de...
"A ver Carlitos, apaga el televisor y venga de inmediato a cenar...
A esa hora transmitían "Historias de Terror". Por cierto esa noche Carlitos no apagó el televisor, lo castigaron con no cenar y tuvo pesadillas de espantapájaros persiguiéndolo en un extenso campo de maíz.


EL EXTRATERRESTRE

¡Mami, mami, un extraterrestre, un extraterrestre!
Se oyó , seguido de un agudo grito dado por el desaforado niño, que con un balde en la cabeza y por sable una rama de guarumo izaba como pendón ante la batalla . Con tales pertrechos se disponía a atacar al enemigo alienígena. La madre llegó al encuentro con una expresión en su rostro de asombro y pavor, a defender a su hijo. Ante tremendo susto el contenido de la cuchara con que estaba probando la sopa que acababa de cocinar se le derramó, dejándole una senda mancha roja en el gallo estampado sobre su delantal. Salió de la cocina con la sandalia derecha en el pie izquierdo y el derecho descalzo; con los anteojos torcidos por la prisa y el cabello a medio cubrir por un pañuelo que le quedó guindando de medio lado y que le tapaba la mitad de su cara. En el pasadizo, mientras soplaba su pañuelo para poder ver mejor se fue tropezando con cuanto juguete había dejado el chiquillo en el suelo: el pato de hule, el avioncillo de guerra, un balón desinflado y un montón de canicas que la hicieron resbalar quedando como una pobre cucaracha con las "patas" para arriba.
Arrastrándose como pudo logró abrir la portezuela de cedazo que daba al patio. Viró hacia la derecha y chocó con una maceta que guindaba de un alero dándole un certero golpe en la frente. Todavía sobándose la cara se detuvo en el instante en que su hijo paralizado señalaba a un amenazante cactus con largas espinas , dos brazos que apuntaban al cielo y por cabeza una flor roja del desierto. Era casi de su tamaño y la madre apenas dos horas atrás con todo esmero lo había sembrado. A su corta edad el chiquillo había confundido la inofensiva planta con un ser de otro planeta. Ese sería el primer evento que presagiaría una tarde de travesuras, difícil de aguantar para cualquier madre de este mundo.

Dedicado a mis hijos Nigel y Etienne




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miércoles, 1 de febrero de 2012

MASACRE DE INOCENTES

El viento movió las ramas del árbol mientras los cocuyos cantaban una extraña canción de misterio. El sereno provocaba que su coraza se le ablandara. La gravedad lo hizo descender en caída libre. Al llegar al suelo una sustancia pastosa y verde comenzó a salir de su costado. Rodando comenzó a producir sonidos extraños. Parte de un hueso salía de sus miembros inferiores. De repente el otro ser lo tomó entre sus manos, apretándolo fuerte hasta que de su herida en el costado brotó más del líquido verde y grumoso. El ser luchaba por conocer su estructura, saber si el organismo contaba con los elementos necesarios para desarrollar el proyecto. El tan preciado proyecto...
Lo aprisionó fuertemente contra una mesa y con el impulso animal que lo caracterizaba, literalmente lo fue partiendo en trozos con un cuchillo, despedazando su carne y volviéndolo una masa informe. La escena se llenó de horror, sangre verdusca en todas partes, piel rugosa en el suelo, huesos a flor de piel, en fin el procedimiento se llevó a cabo, había muerto a manos del despiadado ser.

El experimento continuó, el ser en su macabra mente no se satisfacía sólo con asesinar al inocente recién llegado, sino que tomó a otro espécimen que lo mantenía en una cámara de enfriamiento para que sus líquidos vitales mantuvieran sus cualidades físicas adecuadas y el procedimiento fuera un éxito. Esta especie contenía debajo de su piel la sangre roja que el asesino necesitaba para satisfacer sus bajos instintos, así que sin más miramientos tomó el mismo cuchillo con el que asesinó al primero e introduciéndolo en su pecho lo desgarró lentamente. El inocente no tuvo oportunidad siquiera de defenderse, mucho menos de pronunciar palabra alguna, de todas maneras al permanecer a bajas temperaturas el sentido del habla se le había atrofiado. Apenas un gemido final lo separó del hilo entre la vida y la muerte. Sin poder luchar se rindió al último corte del desalmado ser. Como parte del extraño experimento, introdujeron ambos cuerpos desmembrados en una cámara y vertió un líquido ácido que poco a poco les iría disolviendo. Agregó miembros cartilaginosos y blancuzcos de otra de sus víctimas, miembros olorosos a miedo y terror, a pánico hecho lágrimas al momento de su muerte.

El asesino en su depravación probó la sangre mezclada de sus víctimas, absorbiéndola directamente de sus miembros destrozados con la serenidad propia de los psicópatas, que sin inmutarse se excitan con sus crímenes.

Luego todo fue celebración y orgullo. Para festejar su fechoría convidó de las sangre y los cuerpos a otros iguales a él, otros que se deleitaban con el sufrimiento de inocentes incapaces de defenderse.

Yo lo sé porque estuve ahí; fui una de la víctimas en espera a ser sacrificada, pero que tuve la oportunidad de escapar de la masacre hecha ensalada, de mis amigos el aguacate, el tomate y la cebolla...